Bernardo López
A pesar de las claras evidencias del comportamiento del SARS CoV-2, en función de la radiación solar y la temperatura, que provoca una baja de contagios por encima de los 25 grados Celsius, las autoridades se empecinan en marcar con muletas mentales a los niños, con su protocolo de regreso a clases.
Es también conocido que los niños y adolescentes no padecen el Covid-19 en la forma grave: baja oxigenación, uso de oxígeno terapéutico, respirador mecánico, anticoagulantes o antiinflamatorios. Es lamentable que en lo que va de la pandemia en México, alrededor de 500 menores perdieran la vida a causa del coronavirus, y al menos 50 mil se enfermaran, pero los datos muestran que la población joven no requiere cuidados especiales, únicamente cultivarles el lavado de manos y la higiene en los alimentos.
El protocolo que han diseñado las autoridades educativas carece de una explicación científica sobre el SARS CoV-2, para que los niños puedan crearse una idea y entender lo que son los virus, cómo se comportan, a qué temperaturas pueden permanecer activos, cuáles son los efectos del sol y del frío en estos microorganismos: inducirles el método científico, que les permita conocer y dominar la paranoia que se ha propagado.
Todo lo contrario, someterán a los niños a actividades represivas: como el uso del bozal, aislamiento social; además de anclarlos a dispositivos electrónicos, como smartphones, tablets o pantallas de televisión, con el objetivo de infundirles a su mente inseguridad y miedos.
En una ocasión ya habíamos hablado de lo inservible que es utilizar un bozal de tela o algodón, pues sus tejidos, por muy apretados que estén, dejan huecos millones de veces más grandes que el diámetro de un ejemplar del SARS CoV-2, que tiene un tamaño aproximado de 70 nanómetros, lo que también desecha la opción de ponerse dos cubrebocas para mayor seguridad.
A pesar de eso, obligarán a los niños a usar estos objetos, aun cuando causan un sobre esfuerzo pulmonar, pues no se necesita ser médico ni experto para experimentar la falta de aire o la necesidad de una aspiración más fuerte cuando se usa un cubrebocas. ¿Qué sucederá si un niño o niña se cansa del cubrebocas y decide no usarlo, o rechaza tal imposición en el salón de clases?
Los niños no deberían ser sometidos a ese tipo de rituales que criminalizan la salud: pues ahora resulta que es un delito estar sano, aunque más del 80 por ciento de la población no va a tener consecuencias fatales por un contagio del temido coronavirus. Además, aún se siguen prohibiendo las necropsias de las personas que murieron presuntamente por Covid-19 ¿Cuál es la razón, aún no lo sabemos? El caso es que las instituciones educativas se han vuelto tóxicas.
















