Rafael Lulet 

El sexenio de Obrador, se ha caracterizado de “otros datos”, minimización de hechos, cortinas de humo, tergiversación de noticias, doble moralidad, entre otros más, al final, intentar simular una administración la cual no tiene ni pies ni cabeza; mientras él intenta mostrar un país de fantasía para sus seguidores, la realidad lo está alcanzando cada vez más, no es suficiente tener una supuesta popularidad disfrazada, donde solo contempla lo cuantitativo de ese universo, más no lo cualitativo, y con ello manipular a sus intereses la objetividad de la información. 

La hipocresía es parte del discurso “obradorista” cada vez más desgastado, un personaje con tintes marrulleros, intentando sobrevivir como sea la segunda mitad de su administración, inventando castillos en el aire para verse como el quijote mexicano atacando molinos de vientos, los cuales no son más que enemigos existentes solo en su mente, llevándose entre esas falsas batallas a los mexicanos. 

Mientras su discurso habla sobre una supuesta lucha contra la corrupción, por otro lado, sigue existiendo el mismo número pero en aumento gracias a sus allegados, cada vez se destapa un poco la cloaca y se descubre los actos de corruptelas que han intervenido sus operadores en favor de este personaje de papel, cuando era un golpista intentando ganarse la presidencia con dichos, acusaciones, y balconeo a administraciones opositoras con el único fin, aumentar sus números de seguidores y sobre todo incrementar su ego. 

Recorrió el país e hizo campaña por más de 12 años, sin mencionar la creación de su supuesto gabinete “legitimo”, donde todos los implicados en una administración de “mentiritas”, cobraban como si fuera verdadero, dentro de ese grupo ubicamos a Claudia Sheinbaum, sin explicarse de dónde sacaban dinero para mantener todos esos años de trabajo electoral sin tocar el punto de cómo mantenían sus familias, hablando no solo de Obrador sino del resto de sus camarillas. 

El caso de Pío López, Rene Bejarano o Delfina Gómez, reflejan esos actos de corrupción de los cuales no desea hablar el personaje de Obrador, porque con eso se le cae el circo de mentiras construido por él para entretener a los incautos que aún le siguen creyendo, por eso la importancia de seguir con su show de las mañaneras para seguir vigente, inventando todo lo que pueda y distraer a los mexicanos de la realidad tanto del país como de la verdad de su “movimiento”, no es la ineptitud para gobernar, sino que le quedó muy grande el paquete, porque no sabe nada sobre la administración pública de un país, y debe ocultar la basura dejada a su paso debajo de la alfombra para no tenerla a la vista. 

Sus allegados son millonarios, pero con prestanombres, Obrador solo trae 200 pesos en su cartera y esa fue el bastión de su carrera política, pero sus operadores captaban millonadas para él y su movimiento, cada personaje político quien llegaba a algún cargo, tenía la consigna de dar el “diezmo” por utilizar la imagen de su mesías, tal como si fuera una marca, la obligación de pagar por la licencia de uso, ese fue realmente su negocio, y ocultar millonadas que ha ido acumulando durante todos estos años, enseñanza las cuales se encuentra transmitida a sus hijos, ellos, nunca expondrán directamente su dinero pero si sus esposas, tal como lo hizo también Manuel Barrett, sumando a esas artimañas los depósitos en “carrusel”, para sumar cifras groseras a las cuentas bancarias personales y partidistas con el fin de no ser detectados.