Bernardo López Rosas 

El argumento de “robo de identidad” que sostienen las autoridades, para coaccionar a los jóvenes mayores de 18 años a inscribirse en el Registro Federal de Contribuyentes, es tan endeble como el usado para justificar el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (PANAUT). Aunque, parece que los dos tienen el mismo objetivo. 

¿Estamos ante el primer paso para instaurar el modelo totalitario chino? Esa es la hipótesis que imaginamos, porque no existe justificación de peso para que los jóvenes tengan que inscribirse si no cuentan con un empleo y menos si no obtienen ingresos. ¿Mantenerlos cautivos, identificables y localizables es el propósito? 

En el primer intento, con la aprobación del perverso PANAUT, se pretendió obligar a todas las personas a entregar sus datos biométricos -huella dactilar, rostro, iris-, para poder acceder a los servicios de comunicación digital; en caso de rechazarlo, se perderían todos los derechos, pues sería cancelado el acceso. Afortunadamente la Suprema Corte de Justicia de la Nación concedió una suspensión definitiva contra este asunto, aunque aún sigue vivo y puede activarse cuando las condiciones sean propicias. 

En el otro frente, paralelo al PANAUT, el RFC para los jóvenes es una táctica de acoso fiscal, porque no tienen ingresos y los pocos recursos que obtienen se los aportan los padres. Detrás de esta iniciativa también está la noción de que todas las personas deben ser tratadas como delincuentes: te mantengo en mi lista para que cuando perciba que estás generando recursos, entonces te pueda exigir una explicación. En un sentido más profundo, se buscan los datos, por lo tanto, surgen las dudas: ¿Qué requisitos les van a pedir a los jóvenes? ¿Utilizarán los mismos parámetros que el PANAUT? 

En varias ciudades chinas las autoridades tienen una base de datos de toda la información biométrica de las personas, además de sistemas de vigilancia con miles de cámaras, que rastrean cada movimiento de las personas. Es cierto que este tipo de tecnologías ayudan a inhibir delitos, sin embargo, se puede caer fácilmente en el exceso, además que pueden ser utilizadas para aplastar cualquier disidencia. 

Este tipo de ingeniería social se está exportando a varias partes del mundo y sus primeros pasos se están dando, en diversas gradaciones de invasión, que se modifica en función de la indiferencia de las personas renuentes este tipo de planes. El problema es que la gran mayoría no ha vislumbrado la magnitud de los abusos a los que se puede llegar si ceden las pocas libertades que posee.