Bernardo López 

Las personas en la infancia no tienen la madurez para determinar su identidad que los representará durante el resto de su vida, pues se dedican a descubrir y absorber toda la información que se les proporciona, mediante otros niños, familiares o las instituciones educativas. 

Es en la adolescencia, donde los pubertos y después jóvenes comienzan a gestar su proyecto de vida, cuando inician el proceso de definirse como persona y de la construcción social de su yo como referente hacia los demás, sin embargo, no es hasta después de los 20 años que existe una clara consciencia y convicción de lo quieren ser, pues en esa etapa se desarrolla la corteza prefrontal del cerebro, que se asocia al control conductual, la personalidad y las capacidades cognitivas.  

Tiene razón Gabriel Quadri cuando dice que las medidas de protección de niñas y niños son muy específicas que para el resto de las personas, porque es cuando los humanos son más vulnerables en cuanto a la maleabilidad de sus pensamientos. Es decir, que los infantes pueden tomar cualquier personalidad, pero en unas horas asumir otra, esto por la inmadurez biológica y psicológica.  

Sin embargo, en el aspecto social actual se está presionando a los niños a asumir y definir un género, desde la elección de los colores, pero también a partir de un desprecio por convertirse en mujer u hombre, con el objetivo de dar paso a personas sin identidad. 

Esta moda de aborrecer la figura del hombre masculino, fuerte y protector, y de la mujer procreadora de vida, se está propagando por todas las instituciones y redes sociales, intentando permear en la mente de los niños, cuando la política de Estado debería ser que cada infante encuentre su propio camino a su identidad y protegerlos de ideas tóxicas como los roles binarios o los transgéneros. 

Hasta los 18 años, momento en que es consciente de sus capacidades, el Estado debe garantizar que los jóvenes tengan la libertad de decidir sobre su personalidad y el rol que quieren desempeñar en la sociedad, porque a partir de esa etapa ya cuentan con las herramientas para evaluar y razonar, lo que les permite asumir su identidad sin coacciones. 

También le asiste la razón la diputada América Rangel al defender el concepto de mujer y su rol en la sociedad, pues existe una sigilosa estrategia para desplazarlas y sustituirlas por transgéneros, sin embargo, la biología no miente y lo podemos apreciar en el ámbito deportivo -en combates de artes marciales mixtas y en la natación- donde las competidoras mujeres son derrotadas por hombres que se asumen mujeres. 

A las personas trans se les deben garantizar todos los derechos que le corresponden como ciudadanos, sin embargo, el Estado debe proteger a las niñas y niños de que nadie les imponga esa ideología de género o alguna otra. O como dice el diputado Jorge Gaviño Ambriz, al defender la permanencia de las estancias infantiles: “los niños deben estar con los niños”, para que entre ellos descubran su papel en la sociedad.