Bernardo López 

Como en el antiguo imperio de Roma, cuando las autoridades realizaron miles de batallas entre gladiadores, el presidente Obrador trajo esa tradición a la época contemporánea, donde los contendientes se disputarán el dedo que los señale como candidatos a la presidencia de la República. 

Al titular del ejecutivo federal se le colapsó su escenario ideal para controlar la sucesión presidencial en 2024, luego que la jefa de Gobierno de la Ciudad de México perdiera más de la mitad de las alcaldías, además que ese fenómeno que se dio con la coalición PAN-PRI-PRD se extendiera al Valle de México, en los municipios colindantes a la ciudad. 

La gladiadora consentida tiene un camino muy difícil para lograr la nominación, pues la tragedia de la Línea 12 del Metro dejó un tufo de impunidad, y se ha convertido en un estigma que la perseguirá el resto de su ejercicio como jefa de gobierno. 

La lucha por la nominación a la presidencia de la República no va a ser cívica como lo plantean hoy los contendientes, pues los principales luchadores comenzaron a golpearse y esa espiral de enfrentamientos se recrudecerá conforme se acerca el 2024 y se debilita el poder del presidente. Las fisuras que comenzaron por el destape adelantado de los aspirantes ya son claras fracturas, donde se perciben tres fuerzas trascendentes. 

Existe la posibilidad de que el presidente haya ‘chamaqueado’ a los gladiadores, pues aún queda mucho tiempo por delante de camino al 2024. Es una carrera extenuante de resistencia, la cual está llena de obstáculos inimaginables. Los gladiadores van a llegar fatigados y desgastados para su combate final, donde tendrán además que enfrentar al contendiente opositor. Les hubiera convenido quedarse callados y trabajar en silencio, para dejar que sus acciones gritaran más que sus palabras. O al menos que la hipótesis del ‘tapado’ siga más viva que nunca. 

Es imposible, de igual forma, que los gladiadores del presidente usen la imagen de su líder como una fortaleza para competir por la presidencia de la República. Como lo hemos dicho anteriormente, la imagen del presidente no va en ascenso, se encuentra en picada.  

Lo que significa que aquellos que usen la imagen de Obrador para sus campañas ya no les va a proporcionar el mismo resultado. 

Asimismo, debe cuestionarse si la 4T va a ser visto como un proyecto exitoso de largo plazo a tres años de distancia, donde también será víctima de todos los combates que seremos testigos. Los enfrentamientos apenas comienzan. ¿El presidente podrá controlarlos desde el palco?