David Hidalgo 

En el marco de la celebración del Día Mundial de la Escucha, cada 18 de julio recordamos la importancia de prevenir lesiones que deriven en la pérdida auditiva, ya que sin ella no podríamos disfrutar de todos los sonidos que nos rodean y sus efectos en nuestra salud. 

Investigaciones recientes han demostrado que los sonidos de la naturaleza, como el cantar de los pájaros, la lluvia, el correr del agua, cuando sopla el viento y hasta el chirrido de los insectos, son buenos para nuestra salud.  

Desde tiempos ancestrales los sonidos de la naturaleza han sido empleados como relajantes en todo tipo de terapias; por ello la importancia de que cuando estemos en contacto con la naturaleza aprendamos a disfrutar del sonido de las montañas, el crujir de las ramas, el pasar de un arroyo, el arder del fuego en la leña y hasta del galope de un caballo. 

Todo lo que escuchamos tiene una repercusión en nuestro cuerpo, provocando reacciones de pánico, expectación y relajación; siendo en un entorno natural en el que encontramos un mayor número de sonidos que nos permitan reducir el estrés, olvidarnos del dolor, lograr un mejor estado de ánimo y optimizar nuestro rendimiento cognitivo. 

Desde el inicio de la emergencia sanitaria la Confederación Mundial de Medicina Integrativa, Tradicional, Complementaria y Educación en Salud (COFEMITES) ha enfatizado la importancia de la naturaleza para preservar la salud del ser humano, al grado de lograr reforzar la salud mental. 

Al igual que nuestra vista nos deleita cuando disfrutamos de un paisaje natural, los paisajes sonoros nos ofrecen espacios de paz cuando reina el desconcierto. Las terapias con sonidos han demostrado su pertinencia en el tratamiento de trastornos de ansiedad y depresión. 

Sin lugar a dudas, todos hemos experimentado cómo el escuchar una canción en particular nos puede provocar calma, felicidad o alguna otra emoción y cada uno de nosotros tenemos una capacidad nata para saber distinguir entre el ruido y los sonidos que nos ofrecen paz y tranquilidad. 

Se ha demostrado que al escuchar música nuestro cerebro libera dopamina, una sustancia química que tiene efectos positivos en nuestro estado de ánimo. También muchos hemos experimentado ese poder que tiene la música para mover a las personas y, al ejercitarnos escuchando música, nuestro estado de salud y bienestar se verá favorecido. 

Ya sea en un entorno natural o en nuestra casa y en la oficina, ambientar nuestro espacio con sonidos que nos ayuden a tener un buen estado de ánimo, nos ayudarán a reducir el estrés y la ansiedad, mejorará nuestra memoria, nos calmara el dolor, nos volveremos más receptivos e incrementaremos nuestras habilidades mentales, entre otros muchos beneficios.   

Es importante tener presente, cómo lo que escuchamos repercute de manera directa en nuestra vida diaria, con la finalidad de diseñar el paisaje sonoro que más habrá de beneficiar a nuestra salud y a la de nuestros seres queridos. No hacerlo nos mantendrá al asecho de ese contaminante invisible que es el ruido, provocando daños fisiológicos y psicológicos en nuestra salud. 

La contaminación acústica es el resultado de los sonidos excesivos y molestos que causa la misma actividad humana, lo que produce un gran cansancio en nuestras células sensoriales auditivas, lo que inevitablemente merma nuestra salud.      

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