- De barrenderos albañiles, jardineros y custodios de criminales
Francisco Rodríguez
Hace unos días se hizo viral la imagen de un elemento de la Marina Armada de México podando el pasto de la cancha del estadio “Luis Pirata Fuentes”, en el puerto de Veracruz.
Por las mismas fechas corrió en redes sociales un meme, presumiblemente elaborado por un elemento del Ejército Nacional, en el que se leía: “Yo bien bélico. Tres años en Caballería. Trece años en el GAFE. Dos años comisionado con licencia en cursos donde lloraba con lágrimas de triunfo en cada operativo… para terminar gritando ‘llegó el gaaaaaas’” Y bajo ese texto un camión de la Guardia Nacional cargando cilindros metálicos y en el costado la leyenda en rojo: “Gas Bienestar”.
Marinos y soldados hacen de todo en la Cuarta Decepción. Siguen órdenes. La férrea disciplina militar se impone muchas veces sobre su propia dignidad.
De todo, menos aquello para lo que se enrolaron y para lo que supuestamente fueron educados y entrenados.
Son policías, albañiles, agentes aduanales, vacunan, escoltan a los Siervos de la Nación, y ahora podan y ya mero barren las calles, ante la falta de personal que recoja la basura en los ayuntamientos. ¿Podando césped se inflama el pecho de orgullo militar?
La experiencia de Cervantes Acuña
De origen militar, el zacatecano Rafael Cervantes Acuña fue embajador de México en la República Oriental del Uruguay del 1 de marzo de 1977 al 31 de mayo de 1979. Lo conocí cuando fue diputado federal, un par de años después de haber dejado el servicio diplomático, en la LI Legislatura, aquella que comandó el inolvidable Luis M. Farías.
Platicaba que su gestión diplomática consistió, primordialmente, en regular las múltiples peticiones de asilo que su antecesor, el embajador Vicente Muñiz Arroyo, había prodigado a decenas, si no es que hasta a centenas, de perseguidos políticos.
Como militar, tenía asimismo una visión muy especial del golpe que provocó la caída del régimen democrático chileno y el suicidio del Presidente Salvador Allende.
“El orgullo militar estaba herido”, recuerdo que me dijo Cervantes Acuña.
Y me narró como era que a los militares de Chile comenzaron a llamarles “milicos”, haciendo una yuxtaposición de los términos militar y mico… de cómo les asignaban las tareas más infames, como la de barrer las calles y podar las plantas y árboles de los camellones… y, claro, la de pegar tabiques en construcciones civiles.
Herido el orgullo militar, fue el caldo de cultivo apropiado para que se gestara el golpe de Estado que llevó al poder a una Junta encabezada por Augusto Pinochet, aquel 11 de septiembre de 1973. La Historia es cíclica…
Se repite como condena, decía el poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana. Y su frase está escrita en la entrada del bloque número 4 del campo de exterminio nazi en Auschwitz. Ya no la repitamos más, por favor.











