Con las diferentes problemáticas a las que estamos expuestos y con las autoridades anunciando un día que la pandemia va en descenso, al siguiente en un “ligero” repunte y, más adelante, en repunte color naranja, es difícil que pasemos de una semana a otra sin tener una nueva preocupación, nuevos datos inquietantes, potenciados por la incertidumbre de las pasadas y próximas normalidades.
A partir de la aparición del COVID-19 se puso especial empeño en diversos grupos poblacionales que tenían una alta potencialidad de contraer la enfermedad y desarrollar su fase más grave y letal. Las personas que precisan más cuidados son los adultos mayores, las personas con morbilidades asociadas y las mujeres embarazadas.
En el gran vértigo producido por la información sanitaria, filtración de videos, rifas dudosas, y tantas otras curiosidades, se esconde un asunto que ha recibido una mediana atención y que es sumamente serio.
Se trata de un aumento considerable en los índices reportados semanal y anualmente por el Observatorio de Mortalidad Materna en México (OMM), desde hace diez años. Dentro de esta pandemia inolvidable por el sufrimiento que ha causado, existe otra situación de salud pública cuya causa más frecuente es el coronavirus que debemos sumar a la terrible lista.
El número de muertes oscila entre 45 y 50 por cada cien mil nacimientos, que es como se calcula la razón de mortalidad. El Observatorio reporta que, en varias de las semanas de este 2021, ha ocurrido un incremento en el porcentaje de mortalidad materna, respecto los mismos periodos de años anteriores. Aunque de entrada los números no parecen tan elevados, sí se vuelven preocupantes al notar el decrecimiento que había ocurrido desde que se estableció el OMM, cuyo objetivo es mejorar la salud materna, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.
En 2016, se registraron 812 muertes maternas. Para 2019, estos decesos se habían reducido a 695. En el 2021, hasta la semana 28 (del 12 al 18 de julio), la pandemia ha provocado 475 fallecimientos: casi el 70% en comparación con todas las muertes maternas contabilizadas en 2019. De continuar con la tendencia, este año terminará alcanzando los niveles de mortalidad de hace un lustro. Un dato para nada alentador.
Si a todo esto agregamos que las mujeres en nuestro país padecen un grave incremento en violencia de género y obstétrica, es importante empezar a crear conciencia de las condiciones particulares de vulnerabilidad en que se encuentran las embarazadas, con el fin de pensar de otra manera la maternidad. Poco hay más valioso que aquello que nos da sitio en el mundo.













