Bernardo López 

Es extraño que ahora estar gordo y obeso tenga que ser un motivo de orgullo, a pesar de las graves consecuencias a la salud que provoca esta situación crónica en las personas de la sociedad moderna, causado principalmente por la comida chatarra industrializada y ultra procesada. 

Ya hemos escrito sobre esta época de decadencia que se vive en Occidente, pues sus valores fundamentales han sido desplazados por ideales frívolos, superficiales y carentes de razonamiento lógico-analítico, como la intención de desplazar el arquetipo del cuerpo humano -enaltecido en la obra maestra “El David” de Miguel Ángel- con personajes insulsos que manifiestan el clímax de la distorsión social. 

Ahora resulta que la aversión a la obesidad es un acto de discriminación -al cual quieren catalogar de “gordofobia”-, sin embargo, no se trata un acto de rechazo a las personas con sobrepeso sino un repudio a la condición de padecer este mal crónico y de la idealización que se pretende imponer mediante campañas de propaganda de la perversa “agenda progre”. 

De acuerdo a una investigación de Patricia Ruiz-Cota, Montserrat Bacardí-Gascón, Arturo Jiménez-Cruz, en la Facultad de Medicina y Psicología de la Universidad Autónoma de Baja California, los comportamientos en la alimentación y el avance de la obesidad comenzaron a modificarse, a nivel mundial, a partir de la década de los 70’s, cuando se registraron los datos que indicaban que las personas comenzaron a ganar peso en un promedio de 1.5 kilos por década (de 1975 a 2014).  

En la década de los 60’s, los mexicanos consumían un total de 2407.1 kilocalorías, mientras tenían una necesidad básica de 1642.8 kcal.; para la década de los 90’s, ingerían 3139.4 kcal y sus requerimientos eran de 1760.9. La transformación de los patrones de consumo de alimentos sanos a comida chatarra se dio por las crisis económicas y la apertura del mercado a productos y comercios de comida rápida, provenientes de Estados Unidos, mediante el Tratado de Libre Comercio. 

El INEGI en su estudio “Prevalencia de Obesidad, Hipertensión y Diabetes para los Municipios de México 2018” calculó que en promedio el 36 por ciento de la población de 20 años y más padecen algún grado de obesidad. 

La solución a este mal crónico es muy sencilla y no se trata de remediarlo con la ingesta de medicamentos, porque eso únicamente mercantiliza esta epidemia. Se trata de consumir más frutas, verduras, cereales, leguminosas y proteínas de origen animal, pero cocinadas en los hogares de cada persona, además de reducir el preparado de la comida ultra procesada y empaquetada. En el campo mexicano, el alimento básico era maíz, frijol, calabaza y quelites: debemos volver a nuestros orígenes.