Enrique Escobedo 

Para cuando se publique este artículo ya se habrá dicho mucho acerca de la relevancia de que este año el premio Nobel de la Paz sea para dos periodistas María Ressa por defender la libertad de expresión y denunciar el abuso de poder, de la violencia y el creciente autoritarismo en Filipinas. El otro ganador es el ruso Dmitry Muratov, quien durante décadas ha defendido la libertad de expresión en condiciones adversas y de amenazas.  

Dos seres humanos que saben acerca del peligro que corren ellos y sus familias por criticar y decir la verdad de sus gobiernos. Son dos ejemplos para seguir en términos de la dignidad de los periodistas y los articulistas. Sobre todo, porque al poder le ofende que se piense diferente, no acepta otras ideas que no sean las suyas y trata por muchos medios de acallar las voces disidentes. 

Los asesinatos a periodistas y articulistas en nuestra nación se deben a múltiples razones, muchas atribuidas al crimen organizado, a asuntos pasionales o querellas personales. Aunque rara vez sabemos acerca de los autores intelectuales. Hace poco la periodista Lilly Téllez fue amenazada por una persona que se sintió ofendida por la crítica que le hizo al titular del poder Ejecutivo Federal cuando iba a acudir a la entrega de la medalla Belisario Domínguez. El asunto fue tan delicado que el presidente de la República tuvo que interceder por la seguridad de la señora Téllez. Pero el antecedente quedó. Por eso es peligroso que un jefe de Estado señale contrincantes, acuse sin pruebas o califique de enemigos a sus adversarios. Sobre todo, a los periodistas.  

El premio Nobel de la Paz se personificó en dos figuras admirables y me sumo a la decisión de la Academia Noruega, pues me queda claro que el mensaje es a todos los gobernantes autoritarios. Léase, el premio defiende la libertad de expresión y de prensa. Es una advertencia a los gobernantes intolerantes y proclives al autoritarismo que no les gusta la crítica, ni la soportan, que la organización Nobel también está en favor de la libertad de expresión y de prensa y que los periodistas no están solos. El mensaje es claro.  

La paz es un valor humano que propone la armonía como forma de convivencia, antepone el diálogo respetuoso, invita a la reflexión a fin de evitar la respuesta violenta y nos permite la construcción en favor del bienestar social, la tranquilidad, el honor y el acato a las normas y leyes justas. De ahí que sea una ambición y la posibilidad de hacerla realidad. Los periodistas y articulistas somos, en lo general, seres humanos de paz y cuyos instrumentos de trabajo son el cerebro y la escritura que busca la verdad o, si se prefiere, nuestra verdad, pero con el ánimo de mejorar. 

Los dictadores y autoritarios se caracterizan por desear una sociedad que piense igual, ya que esa es una sociedad que piensa poco. Por eso asumen posturas maniqueas de que se está con ellos o contra ellos. No entienden que la paz es también la búsqueda de la tercera opción y que muchos periodistas y articulistas lo que proponemos es una sociedad plural, tolerante, constructiva y con una pacifica calidad de vida.