Enrique Escobedo  

El gobierno de la República, personificado en Andrés Manuel López Obrador ha sido de los que más polarización ha levantado en la historia contemporánea de México. Es amado o vilipendiado. Pero no genera indiferencia. Lo cual en un político es ganancia.  

No inquiero mucho acerca de los motivos por los cuales tiene tanta aprobación, pues me queda claro que sus políticas asistencialistas y su discurso dicharachero y simple le generan altos índices de empatía. La pregunta que me hago es sobre las razones por las cuales es rechazado en círculos de intelectuales, periodistas, académicos, empresarios y clases medias, por citar algunos ejemplos. Hasta el momento si ha trastocado intereses de esos grupos. Por ejemplo, su aeropuerto en comparación con el iniciado por Peña Nieto afectó a sectores como el turismo y a la clase media trabajadora que viaje por motivos laborales por todo el país. También ha detenido obra pública o privilegia al ejército y eso afecta a la industria de la construcción.  

A mí me han llegado a perturbar sus ocurrencias, no obstante, no he perdido mi trabajo por sus políticas económicas. En otras palabras, no toca mis intereses y no me ofende que me diga clasemediero aspiracioncita. Sin embargo, es un hombre que irrita en muchos círculos en los cuales me desenvuelvo. He preguntado y he aquí las respuestas. Sus compromisos de campaña, salvo excepciones, no los ha cumplido y las que ha cumplido han sido desaseados, burdos y sin visión de Estado. Léase el combate a la corrupción y a la impunidad son letra muerta. Su impulso a la ciencia y a la tecnología ha sido nulo.

Su contra reforma educativa fue un retroceso. Su estilo de amagar (es cierto que no amenaza, pero si censura) a periodistas y medios de comunicación en las conferencias mañaneras. Incluso eso puede ser peligroso, pues puede desatar odio y violencia contra algunos colegas. Su demanda de subordinación al Poder Legislativo a fin de que no quiten una coma a sus iniciativas es un símbolo del presidencialismo que ya no queremos los mexicanos. Su centralismo y concentración de poder en detrimento del fortalecimiento del federalismo y de los municipios es una postura de los gobiernos centralistas del siglo XIX. Su actitud de menosprecio a los partidos políticos y sus respectivas ideologías es propia de la intolerancia del monopartidismo de los líderes de los países europeos durante la guerra fría. Su decisión de hacer de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos un apéndice del gobierno a fin de que no señale las violaciones a los mismos, así como la falta de pronunciamientos ante las controversias constitucionales raya en lo abyecto. Sus desaseos en política exterior ponen en entredicho la otrora fama mexicana de país respetable.

Su empecinamiento por hacer consultas populares sin reglas de operación claras y acudir a la manipulación de la mano alzada en mítines de morenistas ofenden los procesos democráticos. Su menosprecio por la ecología a la que tilda de moda nacida en el neoliberalismo es preocupante debido a que el calentamiento del planeta es una realidad. El manejo de la pandemia es torpe. Su discurso ante el expresidente Trump en la capital norteamericana fue vergonzante para muchos mexicanos. La política de abrazos y no balazos ha cedido espacio vital a la paz de los mexicanos. Muchos se han visto obligados ha dejar sus hogares por la violencia y el gobierno solo escolta caravanas de refugiados compatriotas nuestros a otros pueblos. No hay congruencia entre lo que dice el presidente y la realidad nacional en lo económico.  

Desde mi punto de vista no hay transformación de la vida nacional con certidumbre y optimismo. Padecemos una conducción política que no va de la mano del desarrollo integral de toda la población. Consecuentemente hay una gran irritación que polariza a los mexicanos. Sobre todo, porque lo aquí escrito no falta a la verdad. Que quede claro, no somos adversarios del actual gobierno, simplemente enumeré algunos hechos que irritan a muchos sectores de la población y que la actual gestión, por lo visto, no tiene intenciones de remediar.