Ángel Bejarano O. 

La elección para elegir un nuevo gobernante en el Estado de México, en el 2023, tiene un tufo de morbo. Los partidos de la oposición se frotan las manos esperando que el huésped de Palacio Nacional se incline por su incondicional –por segunda ocasión- Delfina Gómez Álvarez, la famosa “reina texcocana del diezmo”. 

Y no es para menos, saben que, si la ahora secretaria de Educación Pública es la elegida, la derrota de la 4T sería segura. Su camino en eso que llaman política está lleno de corruptelas, eso, al margen de que su nula personalidad y carisma nada más no le ayudan. 

Gómez Álvarez se ciñe, sin decir nada, a lo que le ordene el patrón. Cuestión de recordar que a su paso por la presidencia municipal de Texcoco -2013-2015 le ganó el amor por el dinero mal habido. Más de 10 millones de pesos les robó a 472 trabajadores que vivían al día. Diez por ciento, diez, tenían que apoquinar para la causa del “Grupo de Acción Política “que encabezaba su gurú Higinio Martínez. Dizque esa cantidad iba a las arcas del partido que gusta del color guinda, aunque el INE comprobó que sólo un poco más de dos millones recibió el partido de la honestidad valiente. 

Y miren ustedes que en este mundo no hay casualidades, hay causalidades. Quien funge actualmente como administrador general de aduanas, personaje que suele contestar al de Tabasco, cuando le pregunta la hora, “las que usted diga, jefe, laboraba también con la maestra de primaria como secretario del ayuntamiento. 

Y enfrente, para continuar con el diezmo, el carnal – pero no Marcelo- de la gris política texcocana, registrado con el nombre de Alejandro, pero con los mismos apellidos, y quien fungía como titular del DIF, también implementó el diezmo. Cantidad menor la recaudada por el carnal, dos tristes millones de pesos, que, al reunirlos con los más de 10 millones que se robó Delfina, de algo sirvieron para engrosar la cuenta bancaria de Morena. 

Quien hace bien su chamba es recompensada. El de Macuspana decidió que la Delfis fuera ungida diputada federal y más tarde senadora; y como “algo” le vio el presidente como para gobernar el Edomex, la aventó al ruedo para contender contra otro político gris, pese a pertenecer al famoso, aunque un tanto cuanto alicaído, grupo Atlacomulco: Alfredo del Mazo, hijo. El resultado fue una estrepitosa caída para la texcocana. 

Y como su currículum es “impresionante” –maestra de primaria con dos maestrías-, se fue a la SEP para, entre otras cosas, quitar las escuelas primarias de tiempo completo, amén de validar los cambios en los libros de primaria que estarán enfocados al humanismo. 

Sólo que algo inusual ocurriera, la “reina texcocana del diezmo” obtendría el triunfo. Un factor podría ser el pésimo trabajo que hasta ahora ha hecho Del Mazo: 

Edomex ocupa el primer lugar, a nivel nacional, en lesiones dolosas; segundo en extorsiones y séptimo en secuestros. A eso agréguele la inoperancia para implementar programas de seguridad para evitar los robos en el transporte público.