Rafael Lulet  

En sus años como opositor, López Obrador, se le había etiquetado como un peligro para México, principalmente por sus contrincantes, funcionó en las campañas realizadas bajo ese eslogan por dos sexenios, y fue así con todo el material para sustentarlo, en varias ocasiones sus actuaciones eran arrebatadas, agresivas y sin sentido, demostrando con ello a un personaje vengativo con odio y retador, este último le ayudó para colocarse en algunos sectores de la población, sobre todo explotar la figura de víctima contra un sistema que no le permitía la realización de sus ambiciones. 

El abuso del “nuevo PRI”, con Enrique Peña Nieto benefició a Obrador para su triunfo en el 2018, la gente quería un cambio pese a la amenaza latente de seguir siendo un peligro para México, sin embargo, esa etiqueta poco a poco se fue disipando en la población y ayudados por los excesos de los priístas los ciudadanos al final consideraron que era una exageración, pero no muy lejos se encontraba la cruda realidad. 

Recorrió todo el país en sus 12 años de campaña, con eso daba otra expectativa, la de conocer las necesidades de los ciudadanos de a pie, en sus discursos plasmaba supuestas formas de solucionar los problemas nacionales, la dura crítica en contra del gobierno y sus diferentes actores políticos generaba tanta polémica que era una forma de ostentarse como una posible opción presidencial pero con una sombra constante: “ser un peligro para México”, razón por lo cual, los mexicanos tenían sus dudas, por eso no fue electo tanto en el 2006 en una elección cerrada como el en 2012 donde Peña Nieto arrasó.  

Pero pese a todo eso, llegó al poder en el 2018, y conforme los días de su mandato fueron apareciendo la sombra de ser un peligro para México no fue desapareciendo, sino lo contrario, y a tres años de su administración remarca una cosa: “realmente lo era”, su demencia ha venido incrementándose, enfermo de poder yéndose en contra de todo aquel quien se atreva a criticarlo o exigirle. Su defensa ha sido y será hasta al final de su sexenio una absurda frase sin sustento “tengo otros datos”, demostrando con eso la poca capacidad para resolver y sobre todo lo obtuso que se ha vuelto para no reconocer su ineptitud. 

Sin resultados coherentes, sin resolver ninguno de los problemas del país, echándole la culpa a todos menos a él, atacando a sus opositores y recayendo todos los problemas a las antiguas administraciones para tratar de esquivar sus errores y sobre todo sus ineptitudes, acosando a la prensa por no “aplaudirle” frase usada en su momento por Peña Nieto, inventando shows mediáticos distractores, con el único objetivo: “no afrontar su mal gobierno”. 

En varias ocasiones hemos visto como despotrica en contra de cualquiera por algún cuestionamiento de sus actuaciones, escudándose en la investidura presidencial, sin verse al espejo que es él quien está ensuciándola cada vez al abrir su boca con sus lentas palabras cantinflescas llenas de rencor y coraje ante las exigencias para realizar su trabajo como mandatario, el cual sigue sin hacerlo, continúa pensando en ser candidato opositor pero ahora con todo el aparato gubernamental para usarlo en contra de sus rivales y enemigos imaginarios, llevando a la nación a una de sus peores crisis. 

Gracias al aún actual gobernador del Banco de México, el país no se encuentra en quiebra declarada, porque no ha permitido que meta mano Obrador a las reservas internacionales, pero ya en varias ocasiones se ha confrontando con él, razón por lo cual, ya lo va a sustituir para meter a uno más de sus títeres para hacerlo, y es ahí donde los mexicanos deberemos de preocuparnos.