Bernardo López  

Los habitantes de la Ciudad de México tienen que lidiar todos los días con el terrible tráfico, pues en horas pico no hay policías para descongestionar las calles y avenidas, además del transporte concesionado, que se suponía iba a mejorar su servicio, sigue igual.  

Por si fuera poco, lo anterior, también tienen que soportar el acoso de los policías del Metro, quienes con abuso de autoridad intimidan a los pasajeros que no portan el inútil cubrebocas. Se acercan a las personas con una actitud amenazadora, cuando los transeúntes tienen todo el derecho de circular libremente, como lo estipula el artículo 11 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudarse de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes…”  

Debemos recordarle a las autoridades de la Ciudad de México que está actitud altanera de los policías del Metro es una violación a los derechos humanos por discriminar el tipo de vestimenta que usan las personas, como lo estipula la Constitución Política local: “Se prohíbe toda forma de discriminación, formal o de facto, que atente contra la dignidad humana o tenga por objeto o resultado la negación, exclusión, distinción, menoscabo, impedimento o restricción de los derechos de las personas, grupos y comunidades…” 

Ya habíamos hecho un análisis de por qué el cubrebocas no protege de virus a las personas, pues las mascarillas de seguridad que se usan en hospitales cuentan con una capacidad de filtrado máximo de tres micras, mientras que los virus tienen un tamaño un millón de veces más pequeño, de 250 a 70 nanómetros. Entonces cualquier cosa que te pongas en la cara es inútil para detener el paso de virus.  

Es importante respetar los derechos de las personas y que no se impongan arbitrariedades que luego se dejan como si ocurra una ley, pues también en centros comerciales y tiendas de autoservicio obligan a las personas a portar esa mascarilla, a pesar de que las autoridades han dicho que sólo pueden recomendarlo. Ojalá las autoridades recalquen el uso optativo que tiene este objeto y que nadie sea acosado por no llevar, pues en ninguna norma se establece que las personas están obligadas a usar cubrebocas. Que la decisión quede en la voluntad de cada persona, si es que así se siente protegida.