David Hidalgo 

El desdén con el que el médico infectólogo y excomisionado de la lucha contra la influenza, Alejandro Macias Hernández, se refirió a la homeopatía, luego de que el director del ISSSTE, el doctor Pedro Zenteno Santaella, informara a través de su cuenta de Twitter que se encontraba bajo tratamiento médico homeopático luego de haber dado positivo a la prueba del Covid-19; denota la gran y lamentable ignorancia del hoy comentarista, considerado líder de opinión. 

Lo que no sabe Macias Hernández es que “(…) la homeopatía es un modelo médico clínico terapéutico que cuenta con más de 200 años de existencia y que utiliza sustancias obtenidas de vegetales, animales y minerales principalmente, en concentraciones muy pequeñas disueltas en agua y alcohol (también se pueden preparar por trituración en lactosa), agitadas de una forma específica. Frente al paradigma terapéutico occidental de eliminar o luchar contra la enfermedad, sus síntomas y sus agentes etiológicos; la homeopatía propone una terapéutica basada en el principio hipocrático en que lo semejante se cura con lo semejante, fortaleciendo al cuerpo para que se sane a sí mismo”; este es el fundamento señalado en el artículo 25, Fracción XIX del Reglamento Interior de la Secretaría de Salud. 

Peor aún, con su comentario, Macias Hernández demeritó la importante labor que con la que los homeópatas han contribuido a la salud del ser humano, en particular, como proveedores de atención primaria para quienes no tienen acceso a un sistema de salud ineficiente que, desde el 7 de mayo de 1997, incorporó en el cuadro básico de medicamentos, junto con los tratamientos alopáticos, los tratamientos homeopáticos y herbolarios (Articulo 224).  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado que no existe evidencia suficiente, ni alopática, ni en las alternativas médicas, que permita recomendar un tratamiento anti COVID-19; no obstante, la homeopatía tiene la fortaleza de ser útil en la prevención y el tratamiento de síntomas, ya que, al considerar la sintomatología individual de cada paciente, puede determinar un medicamento específico para cada caso. 

Lo cierto es que en México el sistema de salud ha colapsado, y los médicos alópatas padecen las restricciones y limitaciones que coartan el ejercicio de su profesión, agrandando la brecha que existe entre el médico y el paciente, haciendo de las alternativas médicas la mejor opción para tener el control de la salud en nuestras manos. 

Esta situación es la que ha propiciado que desde 1990, en todo el mundo, las alternativas médicas hayan retomado gran popularidad, demostrando su pertinencia y reconocimiento en muchos países desarrollados y en vías de desarrollo. 

Es importante que líderes de opinión como Alejandro Macías tengan presente que las personas ignorantes actúan de forma instintiva, sin pensar en las consecuencias. Ya lo dijo Platón: “la ignorancia es una enfermedad del alma”, también lo dijo Aristóteles: “La virtud es conocimiento y el vicio es ignorancia” y Sócrates: “El hombre ignorante es aquel que actúa mal”. 

Cuando alguien cree que sabe y es evidente que desconoce el tema al que se refiere, se convierte en un ser ausente, sin saber, carente del conocimiento que nos permite vivir en el mundo real. Cuando alguien opina de algo que desconoce “siembra la semilla de todo mal”.  Aquel que cree saber y descalifica la evidencia histórica que ha demostrado la pertinencia de la efectividad del método clínico terapéutico creado por Samuel Hahneman, no puede más que ser un ignorante.