Bernardo López 

Realizar una cirugía de cambio de sexo en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) no debería ser un tema que cause polémica, sin embargo, es bien sabido que muchos derechohabientes no pueden obtener su dotación de medicamentos en las farmacias de esta institución. 

Con bombo y platillo, el ISSSTE informó la realización de su primera cirugía de reasignación sexual, que contó con la participación de un equipo multidisciplinario del Centro Médico 20 de Noviembre, en el que también colaboró su Dirección Normativa de Salud. 

No es posible imaginar cuántas personas fueron movilizadas para este proceso quirúrgico, porque debemos contar todo el personal antes y después de la cirugía. Según un cálculo conservador, esta práctica puede alcanzar de 350 mil a medio millón de pesos. En 2014, el doctor coreano Kim Seok-Kwun, famoso por realizar cirugías de cambio de sexo, efectuaba el procedimiento por la cantidad de 14 mil dólares -de hombre a mujer-, y 28 mil dólares en el caso contrario pues es más complicado colocar un órgano masculino. 

Además, hay que agregar los dos años de psicoterapia y terapia hormonal, que debe ser acompañada por expertos, de acuerdo al Instituto Mexicano de Sexología. También falta añadir la cantidad de hormonas que requerirá después el paciente, para que su cuerpo no rechace el agente extraño. 

Obvio, los comentarios negativos contra la institución fueron inmediatos, porque los derechohabientes padecen constantemente de retrasos en cirugías que demandan una pronta atención. Una mujer comentó que su tía esperó un mes con fractura de cadera, porque la placa que se necesitaba no se surtía, además, en el nosocomio no había sábanas limpias, suero y ketorolaco (medicamento para el dolor). 

En una ocasión también tuve que acudir por medicamentos de una persona a una farmacia del ISSSTE. Como es costumbre, te formas y aguardas, con la esperanza de encontrar los fármacos, pues ya me habían advertido que es difícil que los surtan. Cuando le di la receta a la persona que atiende, confirmé lo dicho: no había medicamentos en existencia y que volviera el siguiente mes. Pedí explicaciones, pero hacen todo lo posible por lavarse las manos. 

Sin duda alguna, no estamos en contra de que las personas hagan lo que quieran con su vida y su cuerpo, sin embargo, el cambio de sexo en hospitales de salud pública son una frivolidad, pues están enmarcadas en un ambiente de carencias de materiales de curación, de ausencia de medicamentos, de retrasos de cirugías de emergencia, pediátricas u oncológicas.