Bernardo López 

La tecnología analógica será el nuevo oro de la sociedad, pues estos dispositivos no pueden ser controlados ni anulados mediante órdenes remotas, lo que permite a las personas ser autónomas sobre las herramientas que utilizan para su supervivencia. 

Además, toda la tecnología mecánica que no necesita de electricidad se volverá un activo vital para todos los humanos que quieran mantener la soberanía individual y para subsistir ante cualquier falla de la tecnología digital. 

Europa experimentó el fracasó del uso de la tecnología verde y la digital, que no tienen la capacidad de brindar de manera ininterrumpida el suministro de energía, y tuvo que volver al carbón como generador de electricidad -también contradiciendo el discurso del presunto cambio climático, que abordaremos en otra ocasión-, ¿La combustión de leña volverá a calentar a los hogares de ese continente; impulsado también por la crisis del gas que padecen al autosabotearse, por defender a un régimen de corte nazi y enfrentarse a Rusia? 

Toda la tecnología analógica será un verdadero contrapeso para frenar el esclavismo digital que pretenden imponer. Los ensayos para instaurar esta distopía en el mundo van a ser muchos y por varios frentes. En el país ya se intentó forzar este tipo de políticas, que violan todos los derechos humanos, con la fallida creación del Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Panaut), el cuál negaría a las personas el acceso a servicios de telefonía y comunicación si se rechazaba entregar los datos biométricos. Por el lado de la inscripción al Registro Federal de Contribuyentes también se está avanzando en esta recopilación de la información íntima de las personas, pero ¿Cómo se protegen y se preservan esos datos, para que no vayan a ser usados como condicionantes a un servicio? 

Otro elemento que muestra el avance de lo que es parte de la perversa agenda proge es la saturación de los espacios públicos de terminales para la conexión a internet, con el objetivo de provocar una dependencia a enlaces gratuitos, que después serían utilizados como herramientas de coacción y coerción -pues mediante los smartphones y las redes sociales se han creado adicciones en las personas. 

Preservar las antiguas tecnologías de las etnias también serán parte fundamental para evitar que la globalización digital termine por desparecer el derecho a la disidencia y a la resistencia que tienen las personas y pueblos del mundo. Afortunadamente, las burbujas felices -prisiones mentales llamadas metaversos- han sido rechazadas; ojalá que se mantenga esa tendencia y la lucidez guíe a las personas para evitar todo este tipo de trampas que intentan destruir a la humanidad.