Bernardo López 

En julio de 2001 el cierre de la plataforma peer-to-peer conocida como Napster provocó un fenómeno social pocas veces visto, pues con su clausura desencadenó el brote de nuevas plataformas de intercambio de archivos musicales en formato MP3. 

La censura que aplicaron las autoridades estadounidenses con el objetivo de frenar el intercambio de archivos de este tipo e impedir la violación a las leyes que protegen los derechos de autor, lejos de inhibir el proceso social de conectar de manera digital a las personas y de intercambiar música se incrementó de manera exponencial, pues vinieron proyectos como Gnutella, Freenet, BearShare y Soulseek. Además de los legendarios proyectos AudioGalaxy, LimeWire, Scour, Kazaa, Grokster, Madster, EMule y eDonkey2000. 

El intercambio de archivos no se limitó a música, se amplió a películas, libros, videos, todo un mercado de trueque mundial, sin control por parte de las autoridades, quienes sabían que nunca iban a poder destruir estas redes de usuarios, debido a que siempre se encontraban formas cada vez más ingeniosas de intercambiar los archivos. 

Trayendo estas ideas al 2020 -ya pasaron 19 años- podemos apreciar que un fenómeno similar se gesta en las redes sociales, pues estas han cometido el error de arrogarse la potestad de censurar a los usuarios, de limitar sus libertades para expresarse. Ya hasta existen plataformas que quieren crear una moneda digital para intentar, en algún momento, controlar tu dinero, si se le da la gana, pero ese tema lo abordaremos después.  

Resulta extraordinario que un país como Estados Unidos, que se dice el máximo ejemplo de las libertades, haya censurado al presidente e impedirle expresarse. Eso nos debe poner alertas porque si esas redes se lo pueden aplicar a un presidente de uno de los países más poderosos del mundo, que será de unos simples mortales como nosotros. 

Afortunadamente, las personas tienen opciones para no depender de estos sitios, que deciden que discurso es moralmente pronunciable en sus espacios digitales. En primer lugar, tenemos a gab.com, una red social que permite un discurso libre, en donde te puedes expresar sin que haya perros guardianes -tipo Gestapo- que estén a la caza de lo que publicas. También existe Mastodon, que también te permite publicar casi todo lo que desees. Sin duda, los dos espacios tienen sus reglas, hay que tenerlas en cuenta. 

Como podemos observar, existen muchas maneras de escapar de las burbujas en las que nos quieren enclaustrar. Todavía hay programadores que ofrecen caminos infinitos hacia la libertad de expresión en los espacios digitales. 

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