Aleinad Mina

El arte es abierto y apto para deformar la realidad, desde la sensibilidad detona creativamente una serie de cuestionamientos que permiten replantear nuestro entorno. Mientras que la ciencia tiene la capacidad de resolver problemas específicos desde un conocimiento objetivo y verificable, siguiendo razonablemente la observación sistémica que construye la realidad. ¿Cómo estás disciplinas tan distintas colaboran hoy en día para tomar medidas de acción que forjan un mundo más sostenible e íntegro? Es la transdisciplina una salida de emergencia que se abre ante problemas emergentes como el cambio climático, en búsqueda de soluciones eficaces que frenen el deterioro ambiental.

La investigación científica ha sido siempre un proceso de creatividad reflexiva, sin embargo, la ciencia ha sido planteada desde un empirismo lógico que trae consigo un sesgo de comunicación. Desde esta postura se forma a investigadores especializados cuya labor se hace exclusivamente desde la ciencia, para no caer en la especulación metafísica. Hoy en día se ha demostrado que esta manera de hacer ciencia, que no considera la intervención filosófica y humanística, ha sido insuficiente en cuanto a los resultados obtenidos para intervenir en problemas que competen a toda la sociedad.

Cada día se vuelve más necesario el enfoque transdisciplinario, pues son interacciones que permiten investigar, desarrollar metodologías y producir impactos eficaces para la satisfacción de demandas que se plantean en nuestro entorno. La transdisciplina se trata de una actitud de apertura al lenguaje y al intercambio que atraviesa teorías distintas, con la finalidad de unificar el conocimiento para entender un fenómeno en particular desde múltiples enfoques. Fomenta el diálogo que enriquece el desarrollo social y produce una mirada global, fundada en el respeto y la alteridad. La importancia de tener una colaboración transdisciplinaria es incluso un fundamento ontológico, que determina la manera de ser del individuo en colaboración, sus implicaciones se extienden a una ética basada en valores de respeto y equidad.

El cambio climático es un ejemplo sumamente importante en el que el arte, la ciencia, la filosofía suman sus labores, a fin de lograr un impacto eficaz que frene el deterioro ambiental. El cambio climático trae como consecuencias, el derretimiento de la masa de hielos en los polos, que a su vez provoca un aumento del nivel de mar que produce la desaparición peninsular.  Debido al incremento de agua se estima que Kiribati situado en el Océano Pacífico, entre otras penínsulas e islas, amenazan con desaparecer, efecto que implica una oleada masiva de migración y la extinción de flora y fauna debido a las sequías e incendios naturales. Aunque cada vez hay más consciencia sobre el cambio climático, como sociedad no estamos tomando medidas determinantes que frenen la catástrofe climática.

Las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático desde el arte la encontramos en Eco-visionarios, una exposición-manifiesto de Madrid, que aborda el cuestionamiento de la acción del ser humano que ha generado deterioro ambiental. Más de 40 artistas internacionales han formulado un debate en torno al cambio climático y sus efectos, a través de la sensibilidad buscan hacer consciente esta crisis que nos atañe a todos. Aún queda mucho por hacer para obtener el impacto necesario, se requiere de una mediación colectiva que apueste y logre un bien común.