Bernardo López

Cuál es el significado de que salieran de su letargo, en 2022, las “piedras del hambre”, talladas en ríos de Europa, presagiando temporadas atmosféricas radicales que provocarían sequías intensas por todo ese continente: que pone en duda el cambio climático -visto como un proceso lineal-, al contrario de las sentencias ominosas, grabadas en la roca, que demuestran procesos cíclicos.

El tema viene al caso, porque en la 28 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático  (COP28) aún se habla del calentamiento global y del aumento de la temperatura en 1.5 grados Celsius -provocado por la emisión de sustancias químicas de autos y fábricas-, cuando este discurso se inició por lo menos desde 1990, lo que contradice esas afirmaciones pues no ha habido aumentos de temperatura, deshielo permanente de los casquetes polares o incrementos de los niveles del mar -ya hubiera afectado a Nueva York.

Se continúa señalando como el villano de la película al uso de combustibles fósiles y de la emisión de bióxido de carbono (CO2), cuando no se hace una reflexión sobre el ciclo del carbono y de su aportación para la regeneración de la vida, por el intercambio de gases entre los seres vivos, pero también como parte de los fenómenos geológicos y atmosféricos del planeta.

También debemos recordar que en el planeta existen al menos 1350 volcanes activos, los cuales presentan fenómenos cuantificables de vulcanismo, como la presencia de fumarolas, emisión de gases, registros de sismicidad, entre otros, de los cuales se expulsan millones de toneladas de sustancias químicas, entre ellas el CO2.

Los fenómenos volcánicos han estado ahí por millones de años y no han vuelto al planeta un lugar inhóspito para la vida, con las incontables emisiones de toneladas de sustancias de (efecto invernadero) que lanzan a la atmósfera: es probable que, si hayan contribuido a la modificación climática a lo largo del tiempo, pero no en el sentido negativo de provocar la extinción de la vida, sino de permitir su evolución.

Y es positivo que se busquen mejores tecnologías para la generación de energía, donde las “tecnologías verdes” pueden hacer su aportación, sin embargo, estás también dejan una gran cantidad de residuos nocivos -como las aspas de los generadores que usan el viento, o de las baterías de litio, las placas para el aprovechamiento de la energía solar- por lo tanto, no son una alternativa, al menos que se logre un reciclaje del cien por ciento.