Bernardo López
Es contradictorio que, el gobierno de la 4T con un presidente que siempre rechazó las ideas de rescatar empresas salvara a Altán Redes, dedicada a proveer servicios de internet y que tiene el encargo de llegar a los lugares más apartados del país, sin embargo, esta acción podría tener la lógica de no dejar áreas de México sin conexión.
La empresa tiene una cobertura de 70 por ciento en la población del país, sin embargo, compite en zonas que ya se cuentan con servicios de internet, su reto es alcanzar las comunidades más apartadas del país, que son lugares donde la rentabilidad es muy baja, por eso ninguna de las grandes empresas se aventura a brindar servicios en esos lugares.
Todo suena muy bonito, pues tener una conexión en lugares recónditos son de mucha ayuda para las personas, porque se pueden comunicar con sus familiares, que migraron a las ciudades o a algún otro estado o a Estados Unidos, además de acelerar los intercambios comerciales entre los lugareños.
Pero ¿Cuál es la intención de saturar el espacio del país con señales de internet? Se debe tener cuidado de que este proyecto no se lleve a cabo con la intención de crear una dependencia tecnológica, innecesaria para el tipo de personas que habitan zonas recónditas.
Por ejemplo, que pasa en estas “casas inteligentes”, donde todos los electrodomésticos, el suministro de electricidad, gas o agua se encuentran vinculados a una conexión de internet: pues que desde ese enlace pueden controlar absolutamente un hogar, que podría convertir en un elemento de coacción para que actúes conforme a las peticiones que se te solicitan, como una “emergencia sanitaria”.
Otro ejemplo claro sería el perverso carnet de conducta social que usan en China, para “premiar” los “buenos comportamientos” y penalizar los “malos”. Supongamos que todos los servicios, vehículos y herramientas están asociadas a una conexión de internet, entonces, si te portas mal, pues te pueden prohibir el uso de todos estos beneficios con tal de someterte.
Esto también puede derivar en abusos de poder, como los que hemos visto en Canadá, Francia, Nueva Zelanda, o el caso de Australia donde los ciudadanos se encuentran hiperconectados e hipervinculados a un celular y son controlados desde esos dispositivos.
Debemos estar conscientes de que el mundo real y el mundo digital deben permanecer separados, con el objetivo de mantener la autonomía y el libre albedrío, de lo contrario seremos parte de las violaciones en derechos humanos más grandes que podría haber en la historia. Otra opción es preservar y fomentar la tecnología analógica.






