Bernardo López

Es cierto que estamos pasando por una temporada de sequía, la cual sucede cada año, lo que significa una reducción en la cantidad de agua que se obtiene de la lluvia y no porque padezcamos un proceso excepcional de ausencia de precipitaciones, o de cambio climático, como nos quieren hacer pensar.

Ya lo comentábamos en anteriores entregas, sobre las “piedras del hambre”, que emergieron en 2022 para advertirnos sobre un ciclo atmosférico severo, que provocarían sequías intensas, y que desmienten el proceso lineal del cambio climático.

Tampoco existe un “Día Cero” en que la Ciudad y el Valle de México se queden sin agua, como dice el jefe de Gobierno, Martí Batres, pues la CDMX cuenta con una diversidad de fuentes de abastecimiento, además de otras que se encuentran fuera. Las autoridades de la Ciudad de México y el Estado de México ya avanzan en acuerdos para mejorar la distribución del agua.

Es la codicia y la mezquindad las que provocan la carencia de agua para las poblaciones del Valle de México, que se surte principalmente del Sistema Cutzamala, presas ubicadas en municipios de Michoacán y Estado de México, a lo que debemos sumar la temporada de estiaje, que provoca la percepción de una sequía irregular.

Recordemos que Michoacán padece desde hace mucho tiempo problemas de deforestación a causa de la “fiebre del aguacate”, planta que al madurar y convertirse en árbol requiere de más de mil litros de agua para producir un kilo del fruto, por lo tanto, debe cultivarse en zonas de abundantes precipitaciones.

Existe otro problema en la región de Valle de Bravo, Estado de México, donde se han construido lagos artificiales, que retienen el agua en terrenos privados y reduce la captación de agua en las presas del Sistema Cutzamala.

De acuerdo a la Secretaría del Agua del Estado de México, existen al menos 400 cuerpos de agua, entre ellos, lagos artificiales que retienen el agua que fluye hacia la presa Miguel Alemán en Valle de Bravo, la cual que se encuentra en su nivel más bajo, con el 32 por ciento de su capacidad.

Sin lugar a dudas, es responsabilidad de todos asumir el compromiso de no usar el agua como si fuera un recurso ilimitado, es mejor reutilizar el agua que nos llega, para lavar patios o en desagüe de los excusados. Esperemos que las autoridades de la Ciudad de México y el Estado de México coordinen mejor sus esfuerzos para que a todos nos alcance el abastecimiento del líquido.