Enrique Escobedo 

El primer día de octubre de 2024 tomará posesión, de acuerdo con la Constitución Política mexicana, el próximo presidente de México. Así lo señala el artículo 83 y en ese texto es explicita y clara la consigna de que en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto quien ya lo ocupó. El cambio de fecha de toma de posesión fue aprobado en 2012 por consenso de todos los partidos, de manera legal y bajo el argumento de que transcurría mucho tiempo entre la elección y la envestidura. En lo personal nunca entendí las razones por las cuales no se cambió la fecha de la elección. Por su parte, el presidente López Obrador está consciente de ese cambio. 

En nuestra Carta Magna existe el artículo 135 que precisa que el texto constitucional puede ser adicionado o reformado mediante el voto de las dos terceras partes de votos del Congreso de la Unión y de la mayoría de las legislaturas de los Estados y de la Ciudad de México. De ahí que la Constitución ha sufrido desde 1917 hasta hoy la cantidad de 741 cambios. Este gobierno lleva 34 modificaciones. 

Imagínese que en las elecciones del domingo 6 de junio de 2021 el partido Morena y sus aliados vuelven a dominar la Cámara de Diputados y que gana doce gubernaturas de las quince que estarán en disputa. Resulta que, si sumamos las ocho que domina, aunque se diga que Morelos no es de Morena, sino del Partido Encuentro Social, el movimiento del presidente de la República tendrá 20 gobernadores de los 32 a quienes podrá dar indicaciones. Luego entonces, bien puede recurrir al artículo 135 y modificar sin problemas, ni obstáculos, los cambios que más le convengan. 

Sigamos imaginando, por ejemplo, que se modificará el artículo tercero constitucional y abrogue el inciso VII que otorga autonomía a las instituciones de educación superior o elimine el inciso VI que permite a los particulares impartir educación. En este juego de imaginación podría acontecer que al artículo 40 se le omita que somos una República Federal o que se agregue otro calificativo a la forma de gobierno. No estoy diciendo que así va a suceder, sino que podría acontecer eso y más. Por ejemplo, modificar el artículo 83 arriba mencionado y prolongar el tiempo de mandato a siete años.  

Son solo elucubraciones mías sin sustento y sin acceso a información privilegiada. Pero tengo mis inquietudes porque hasta el momento no veo una transformación en el país, sino un retroceso del sistema político y su regreso al presidencialismo, a la asfixia del federalismo y al acotamiento a los órganos constitucionales autónomos, entre otros. Es más, esa lectura la comparten muchos analistas políticos cuando leo sus columnas. Consecuentemente, la transformación se verá, de ser el caso, si la estrategia del gobierno es exitosa al dominar a las instituciones políticas que requiere el próximo trienio. 

Es realmente de llamar la atención la casi obsesión presidencial por ganar las elecciones del 2021 y eso llama la atención. Tal vez soy muy malicioso o desconfiado o temeroso de que cambiemos, viéndolo desde un extremo, de régimen de gobierno por uno que acote las libertades, los estudios de posgrado en el extranjero o justifique actos vandálicos sociales en nombre del pueblo bueno o estatice empresas y expropie industrias.   

Tal vez el partido Morena gane la mayoría en la Cámara de Diputados, obtenga el triunfo en diez o doce gubernaturas y la política de gobierno siga el transcurso que ya tomó y no se den los cambios que yo he descrito. No lo sé. En todo caso, la fecha de toma de posesión del próximo presidente de la República será el 1 de octubre de 2014 y, hasta el momento, sigue en pie.