• Obras de arte que mezclan la estética cuir y la prehispánica como las esculturas con arneses de la práctica sexual BDSM 

Con el performance “Mexique”, en el que Pepx Romero (Durango, 1994) besó y lamió esculturas prehispánicas en el Museo Nacional de Antropología, resonaron otras obras de arte que mezclaban la estética cuir y la prehispánica como las esculturas con arneses de la práctica sexual BDSM o las actuaciones de La bruja de Texcoco…  

Pero, ¿en qué momento la comunidad cuir halló un punto de encuentro con las figuras prehispánicas? Si bien los artistas entrevistados para este texto aún batallan para darle un nombre a esta línea artística, explican cuál fue su origen y cuál es el punto de unión entre la diversidad sexual contemporánea y los ídolos prehispánicos. 

Romero, dramaturgo y artista de performance, explicó que todo inició por allá de finales de los años 80, cuando los feminismos radicales en Estados Unidos crearon el movimiento queer, el cual se terminó exportando al mundo.  

Sin embargo, lo queer no fue recibido de igual forma en América Latina, por lo que optaron por reapropiarse del término: “Han surgido en Latinoamérica distintos nombramientos de lo queer, que es cuir y kuir, el más aceptado ahorita es cuir, (…) con el que se empieza a unir todo lo que serían los movimientos decoloniales que surgen en Latinoamérica”, detalla el artista de performance. 

Por su parte, el artista plástico y de performance Javier Ocampo (Cuernavaca, 1988) explica que se sumó a esta línea de arte para sumarse al combate de la exotización del folclore latinoamericano por parte de las culturas colonizadoras, el cual también indica cobró fuerza entre los años 70 y 80. Romero señala que la mezcla de lo cuir con lo prehispánico data desde la primera mitad del siglo XX, con Salvador Novo, poeta, dramaturgo y cronista que perteneció a “Los Contemporáneos”.  

Cuando el escritor compartía departamento con Xavier Villaurrutia en la calle de Donceles, en el Centro Histórico -y aportaba 30 pesos de renta en aquel entonces- fue que creó a San Polencho, “un idolillo (prehispánico) nalgón” que “colgaba a la cabecera” de la “piedra de los sacrificios” y presidía los encuentros sexuales de Novo y Villaurrutia con sus parejas, se lee en su libro “La estatua de sal”. 

Romero y Ocampo coinciden en que sus investigaciones los han llevado a encontrar un punto de conciliación entre los artistas sexodisidentes y la cultura prehispánica: la fluidez del género de los ídolos prehispánicos. Romero aclara que no se trata de un tema de apropiación cultural, sino de una conexión por la “ambigüedad sexogenérica”, la cual es poco conocida, pues afirma que lo que se sabe hoy en día sobre las culturas precolombinas pasó por el filtro del colonialismo que asignó nombres y características a los dioses desde su visión apegada a la iglesia; “no iban a decir que un dios era marica”, declara el artista.  

Es por eso que Pepx considera que se “mutiló” la identidad real de las culturas prehispánicas, de la misma forma que ocurre aún hoy en día con las identidades de género y orientaciones sexuales. Ocampo -cuyo arte fue retomado en redes sociales, pues a propósito del perfomance de Romero, la Secretaría de Cultura revivió su obra “Te amo”, en la que besa estatuas de héroes de la patria- explica que a través de su investigación llegó a la figura precolombina del “culioni”, que podría traducirse como un hombre homosexual.  

A partir de esto, el licenciado en artes por la Universidad Autónoma de Morelos trabaja en un performance llamado “Culonización”, que consiste en una canción de reggaetón con crítica al colonialismo, interpretada por una especie alienígena que viene a conquistar la Tierra. “Esta ficción critica una posibilidad histórica, pero a la vez tiene este toque de humor (..), mi obra la hago con la intención de que la gente se ría, pero para que en un segundo momento reflexione”, explica.