Pedro Flores

Según el psicoanalista Karen Horney en su libro “La Neurosis de Poder” podría interpretarse como un patrón de comportamiento donde un individuo tiene un deseo excesivo de control o poder, lo que a menudo conduce a la inestabilidad emocional, los individuos con esta necesidad buscan el poder por sí mismo y explotan y dominarán a otras personas por una necesidad neurótica de afecto y aprobación.

México está viviendo una situación política que podría ser similar a la que el especialista señala en su libro, ya que el habitante de Palacio Nacional, tendrá que desalojarlo para dar paso a la nueva mandataria del país a quien AMLO le hace recordar a diario la frase de Raúl “Ratón” Macias… “Todo se lo debo a mi manager”.

López Obrador no quiere sorpresas, y al igual que el expresidente Luis Echeverría Álvarez, va a realizar una gira de agradecimiento por todo el país, pero esta vez no lo hará solo como LEA, sino que estará acompañado de la presidenta electa, para que él reciba lo aplausos y Claudia Sheinbaum sepa a quien le debe todo.

La historia nos dice que muchos hechos se repiten y estamos a unos meses de vivir nuevamente “El Beso del Diablo” que recibían los políticos que acudían a la casa de LEA en San Jerónimo a solicitar favor, todos parece indicar que ahora dicho ósculo lo solicitarán en “La Chingada” o tal no vayan tan lejos y se repita esa vieja anécdota que dice:  “Aquí vive el Presidente, y el  que gobierna, allí enfrente”. Lo anterior era clara referencia a Plutarco Elías Calles, quien al término de su mandato, en 1928, , siguió manejando los hilos de la presidencia de la República, lo que se llamó “Maximato”.

Con el nombre de Maximato se conoce el periodo de la historia de México que va desde 1928 hasta 1934, periodo marcado por la influencia en la vida política del país que tuvo Plutarco Elías Calles, conocido como el “Jefe Máximo de la revolución”, durante este tiempo se sucedieron tres presidentes: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, aunque todos fueron tachados sus títeres  por la opinión pública, este periodo  llegó a su fin con la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río.

A partir del 11 de diciembre de 1934, Calles se conformaba con saber que había impuesto en el gabinete de Cárdenas a tres callistas y que sus hijos Plutarco y Alfredo, fueran convertidos en gobernadores de Nuevo León y Tamaulipas respectivamente y que a su yerno Fernando Torreblanca Contreras se le nombrara subsecretario de Relaciones Exteriores, cualquier semejanza con nuestra realidad es pura coincidencia.

Después de que se fue a reponer de sus males en Los Ángeles, California, como se habla de que AMLO hará; “casualmente” Calles regresó a su hacienda «El Tambor, no se fue a “La Chingada” como YSQ, pero ahí recibía visitas de políticos que lo ponían al tanto sobre lo que ocurría en el país con el gobierno de Cárdenas, como se espera que haga AMLO en su propiedad.

Pero todo se acaba, así como José López Portillo envió a LEA como embajador plenipotenciario a las islas Fiyi, Lázaro Cárdenas, la noche del 9 de abril de 1936, envió a veinte militares y ocho policías armados entraron en la hacienda de Santa Bárbara, residencia de Calles, quien se encontraba en su cama leyendo “Mi Lucha”, el libro de Adolf Hitler.

El R1 o sea la orden presidencial era directa le ordenaba prepararse para salir del país a las siete de la mañana. Así 10 de abril fue conducido al Puerto Central Aéreo, donde en compañía de otros activos callistas, Luis L. León, Luis N. Morones y Melchor Ortega Camarena; abordó un aeroplano que lo llevó al exilio en Estados Unidos.

Acto seguido y para poder realizar su política y futuros cambios, como la expropiación petrolera, el presidente Lázaro Cárdenas, desaforó a gobernadores callistas, igual acción hizo en el poder legislativa con los legisladore afines al sonorense y hasta con los generales, a quienes dio retiro “voluntario”.

¿Qué parte de la repetición de la historia arriba externada nos tocará vivir en éstos próximos 6 años?