Bernardo López

Debemos volver a nuestras clases de primaria para recordar que en la temporada de estiaje no llueve, por el contrario, en temporada de lluvia hay precipitaciones abundantes, y en temporada de frío descienden las temperaturas. Ahora a cada estación del año se le califica de extraordinaria para sostener el discurso del cambio climático.

Afortunadamente nuestros ancestros nos dejaron advertencias talladas en roca sobre los ciclos, a veces más intensos que la media. Volvemos a citar aquellas “piedras del hambre” que emergieron en los ríos de Europa y que nos advierten de las catástrofes que sufrieron por la falta de agua, lo que reafirma las cualidades cíclicas del comportamiento climático y atmosférico del planeta.

Los humanos que vivieron siglos atrás dejaron graduada una advertencia sobre los momentos en que se viviría temporadas de calor o lluvia más intensas, con las leyendas “Si me ves, llora”, pero también dejaron mensajes de esperanza como “La vida volverá a florecer una vez que esta piedra desaparezca”, con lo que se confirman los ciclos.

La NASA y la UNAM dieron a conocer en mayo de una intensa actividad solar, con explosiones y más tormentas solares. Los científicos de la UNAM señalaron que el ciclo solar está en máxima actividad entre 2024 y 2025 ¿Será que esta es la razón de los intensos días de calor que hemos vivido y no un cambio climático?

De la misma manera, debemos remontarnos a estudiar de nueva cuenta el ciclo del carbono, para entender el comportamiento del intercambio de gases entre los animales y los vegetales, pues se busca descalificar la producción de bióxido de carbono, cuando esta sustancia es la que absorben las plantas para desarrollarse, lo mismo sucede con las algas que existen en los océanos.

La lógica sería: si en la atmósfera hay más bióxido de carbono, las plantas tienen mejores condiciones de desarrollarse y reproducirse, para devolver grandes cantidades de oxígeno, vital para los animales ¿Queda sin sustento el argumento de la “huella de carbono”?

Entonces, eso que llaman “energía verde” o “tecnología verde” no crea un mejor sistema de aprovechamiento de los recursos naturales, además que han fallado en proveer de electricidad cuando hay intensos y constantes descensos de temperatura, inundaciones o ausencia de viento. Es posible que esta tecnología pueda ser útil como complemento, pero dejar de utilizar los combustibles fósiles o el carbón para el desarrollo de un país es un grave error estratégico.