Miguel Ángel López Farías

Cansa repetir la cifra de periodistas asesinados en el país, y cansa la calificación que nos dan de ser la nación más peligrosa del mundo para ejercer esta profesión… y cansa mucho más, frustra, el saber que podemos a llegar a los cíen ejecutados sin que la brújula de la conciencia tenga una sola variación…

Qué sucedería si las y los muertos fuesen médicos, futbolistas, cajeras de supermercados, pilotos aviadores… empresarios, taxistas o de pronto comenzarán a atentar en contra de diputados…de terror, ¿verdad?

Los que laboramos en los medios de comunicación estamos expuestos como nervios vivos, sensibles a cualquier ataque, “fusilados” por los rediles de “bots” infestados de odio (rencor con sabor a “mañaneras”…)

O esas llamadas que llegan a cabina advirtiéndonos de que “por eso los matan” tal y como nos ocurre en el servicio informativo de URBE DE HIERRO del 760 am.

La normalización de la violencia en contra de las y los periodistas es un asunto que merecería un amplio estudio, pues tal parece que a nadie le importa que en México salga muy barato y nulamente castigado dispararnos, como un pabellón de la muerte de los medios.

Pero más allá, el gremio periodístico en su conjunto es un cuerpo desarticulado, pocos son los que hacen algo, pocos están entendiendo (o no quieren comprometerse) la gravedad de lo que se vive… en los grandes medios y sus estrellas se nota la ausencia de debate, limitados solo a dar a conocer con marcada frialdad el número de casos, sin posiciones críticas o mínimo, de empatía…

La labor de defensa queda en pequeños colectivos, un par de organizaciones que demuestran más valor y determinación para darle voz a los familiares de las víctimas… pero solo eso. 

La semana pasada se dio una muestra de hartazgo por parte de muchos colegas en las afueras de la secretaria de gobernación, el asesinato de Lourdes Maldonado, una mujer que había advertido que la matarían, amenazada por un exgobernador de Morena, y quien termina perdiendo la vida, ejecuciones que son “cantadas” sin que el estado mueva un solo dedo, sin que la prostituida justicia haga lo que le toca.

Todos en la 4T se bañan de impunidad como el verdadero signo de su transformación.

Pero en las gradas periodísticas se escuchan tibios abucheos, demostrando que poco importa y que a lo mucho sólo merecerá un par de menciones en los noticieros estelares… total, la conclusión es que ocurrió en Tijuana, pasa en Michoacán, pasa en Quintana Roo, pasa en Chiapas, pasa en Morelos, pasa en Veracruz, pasa en Durango, pasa en Tabasco, pasa muy lejos y seguirá pasando en contra de un grupo de periodistas que “solo en su rancho” conocen.

¿Qué sucedería si una de estas víctimas se convierte de pronto en una o uno de los verdaderamente populares? ¿Creemos que en tierras chilangas estamos exentos? ¿Que en los grandes corporativos no llegan esas cosas? ¿Que el alto rating es el mejor chaleco antibalas?

Nos equivocamos, nos están matando, el clima generalizado es que se puede asesinar a las y los periodistas sin mayores consecuencias… y estamos a tiempo para encontrar una solución o nos unimos y comenzamos a hacer propia la tragedia que se vive en el campo del periodismo en los estados y municipios y formamos un solo frente, una sola voz, una sola pluma o cámara o dejamos que las balas toquen a la primera estrella del Olimpo periodístico. Total, son varios los que nos traen ganas.