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·         Terminales de autobuses de ciudades sede del Mundial mantienen operación prácticamente normal, evidenciando que la esperada oleada de turistas aún no llega al transporte terrestre

·         Mientras el discurso oficial presume beneficios históricos por la Copa del Mundo 2026, comerciantes, transportistas y prestadores de servicios siguen esperando un repunte

María Escalante García

La expectativa era enorme. Autoridades, empresarios y organismos turísticos aseguraban que la Copa Mundial de Futbol 2026 detonaría una de las mayores derramas económicas en la historia reciente del país. Sin embargo, a pocas semanas del arranque del torneo, la realidad en las principales centrales de autobuses de México dista mucho del optimismo con el que se promovió el evento. Los pasillos semivacíos, filas reducidas y operaciones prácticamente normales reflejan que el esperado flujo masivo de visitantes simplemente no se ha materializado.

Las terminales de autobuses de la Ciudad de México y Monterrey, dos de las tres sedes mexicanas del Mundial, son quizá el mejor indicador de que la bonanza prometida aún no aterriza. Lejos de registrar un movimiento extraordinario, ambas operan con una afluencia similar a la de cualquier temporada baja, dejando en evidencia que el turismo nacional e internacional no está utilizando el transporte terrestre en las dimensiones que se proyectaban.

Promesas que no despegan

Esta situación pone en entredicho las cifras optimistas que durante meses se difundieron sobre el impacto económico del Mundial. Se hablaba de millones de visitantes, ocupaciones hoteleras históricas, consumo récord y una importante reactivación para prácticamente todos los sectores relacionados con el turismo. No obstante, uno de los principales eslabones de la cadena de movilidad permanece sin experimentar el supuesto beneficio.

El problema no es menor. Las líneas de autobuses, así como cientos de pequeños comercios instalados dentro y alrededor de las terminales, esperaban un incremento considerable en sus ventas. Restaurantes, cafeterías, tiendas de conveniencia, vendedores de artesanías, taxistas y prestadores de servicios confiaban en que el Mundial representaría una oportunidad para recuperarse económicamente después de años marcados por la desaceleración económica. Hasta ahora, esa esperanza parece quedarse únicamente en los discursos.

Una cadena económica estancada

La ausencia de un aumento significativo en el número de pasajeros también evidencia que la estrategia para distribuir los beneficios económicos del Mundial ha sido limitada. Mientras los aeropuertos concentran buena parte del tránsito internacional, el transporte terrestre no ha logrado incorporarse plenamente a la dinámica turística del evento.

Especialistas consideran que la falta de promoción de rutas regionales, paquetes turísticos integrales y conexiones eficientes entre ciudades ha reducido el potencial del autotransporte para captar visitantes. En lugar de incentivar que los turistas recorran distintas regiones del país utilizando autobuses, gran parte de la movilidad se concentra en vuelos nacionales e internacionales, dejando fuera a uno de los sectores con mayor capacidad para generar economía local.

Inversiones sin resultados

Otro factor que preocupa es que muchas empresas realizaron inversiones anticipadas esperando una demanda mucho mayor. Algunas ampliaron horarios, reforzaron personal y prepararon unidades adicionales confiando en un incremento considerable de pasajeros. Sin embargo, la ocupación registrada hasta ahora no justifica esos gastos extraordinarios, lo que podría traducirse en pérdidas financieras para diversas compañías.

La falta de movimiento también impacta directamente en miles de trabajadores. Operadores, despachadores, taquilleros, personal de limpieza, seguridad y comerciantes independientes dependen del volumen de viajeros para mejorar sus ingresos mediante comisiones, propinas o mayores ventas. Si la afluencia permanece estancada, el beneficio económico del Mundial quedará concentrado únicamente en algunos sectores específicos.

El contraste con el discurso oficial

La situación resulta especialmente preocupante porque las expectativas fueron alimentadas desde distintos niveles de gobierno. Durante meses se promovió el Mundial como un motor de desarrollo económico capaz de transformar temporalmente la actividad comercial en las ciudades sede. Hoy, las imágenes de centrales camioneras con operación ordinaria contrastan con aquel discurso triunfalista.

Incluso existe el riesgo de que se haya sobreestimado el verdadero impacto económico del torneo. La experiencia demuestra que no todos los visitantes generan el nivel de consumo previsto y que muchos concentran sus gastos únicamente en hospedaje, alimentos y boletos para los partidos, sin extender significativamente su estancia ni recorrer otras regiones del país.