Dentro de la estructura de la Secretaría de Turismo de Hidalgo existe un organismo clave para la proyección cultural y turística del estado: la Operadora de Eventos del Estado de Hidalgo (OEEH). Su función, de acuerdo con la propia normatividad oficial, es coadyuvar en la difusión de la riqueza cultural mediante la correcta administración de espacios emblemáticos como el Recinto Ferial, el Parque David Ben Gurión, el Auditorio Gota de Plata y el Teatro San Francisco. En el papel, su misión es estratégica; en la práctica, ha sido un eslabón débil.
No es un problema nuevo. En distintas administraciones, la OEEH ha representado un foco de tensión para el gobierno en turno. Hoy, bajo la administración de Julio Menchaca Salazar, la historia parece repetirse. El principal tropiezo sigue siendo el mismo: la relación con los medios de comunicación.
Desde la llegada de Marco Antonio Aranzábal Juárez, el área de difusión no ha logrado construir un vínculo funcional con la prensa local ni nacional. Lejos de consolidar una estrategia de comunicación eficaz, se han acumulado episodios que evidencian desorganización, falta de sensibilidad y una visión limitada del papel que juegan los medios en la promoción institucional.
Uno de los momentos más delicados fue el altercado protagonizado por personal del área de difusión con una periodista hidalguense, que escaló a agresiones físicas sin consecuencias visibles. A ello se suma una constante: la percepción de que la Operadora considera que “concede” espacios a los medios, en lugar de entender la cobertura como un componente esencial de su función pública.
En el terreno operativo, los problemas persisten. Retrasos en acreditaciones, como el ocurrido recientemente en un evento del programa La Ganadera Hidalgo, reflejan fallas básicas de logística que impactan directamente en la cobertura informativa. A esto se añade una práctica recurrente: deslindar responsabilidades hacia las áreas de prensa de empresas externas cuando se trata de eventos con artistas de renombre, lo que genera vacíos de coordinación y una experiencia deficiente para los medios.
Los cambios recientes en el área de difusión, aunque necesarios, llegan tarde y sin una narrativa clara que explique el rumbo a seguir. El relevo en la titularidad abre una ventana de oportunidad, pero no garantiza, por sí mismo, una transformación de fondo.
El contexto exige más que ajustes superficiales. La OEEH no solo administra espacios; también construye —o deteriora— la imagen pública del estado. Casos como el escándalo de la Feria San Francisco de Pachuca 2024, que alcanzó notoriedad nacional, evidenciaron la fragilidad en el manejo de crisis y la falta de posicionamientos oportunos.
Si la intención del gobierno estatal es fortalecer la proyección turística y cultural de Hidalgo, la Operadora debe asumir con seriedad su papel como interlocutor institucional. Esto implica profesionalizar su relación con la prensa, establecer protocolos claros de atención y coordinación, y entender que la comunicación no es un accesorio, sino una herramienta estratégica.
La oportunidad de corregir está abierta. Lo que está en juego no es menor: la credibilidad institucional, la eficacia en la promoción del estado y la confianza de quienes documentan, día a día, su vida pública.














