• Ni Arturo Herrera se atreve a contener a López Obrador ¿Lo harán del extranjero?

Además de incapaz para gobernar al país, López resultó mentiroso, iluso, o alguien le da mal los datos. Ahora, a pesar de todo, afirma que el país tiene finanzas fuertes, cuando la verdad, entre la corrupción de la Cuatro T y la ignorancia de quienes la integran, el país está al borde de la quiebra.

Con un empujoncito más, México puede perder su crédito internacional, caer en bancarrota y aumentar su deuda externa de manera exponencial en pesos.

Lo peor de todo es que algunos abrigábamos la esperanza que Arturo Herrera, flamante secretario de Hacienda asumiera su papel y que, dadas sus capacidades, aconsejara al presidente, pero no, prefiere conservar la chamba que cumplirle al país.

Para empezar, en México no hay crédito; la recaudación baja y se gasta el dinero de las reservas para contingencias. Más de la mitad de los 300 mil millones que dejó Peña Nieto para cubrir huecos del gobierno de López, ya se fueron y paralelamente, los dizque ahorros que más bien son subejercicios o desvíos, dejaron en situación precaria a diversos sectores como salud, energía y comunicaciones.

Frente a ello, no hay inversión pública porque lo destinado a ella en el presupuesto se gasta en programas para comprar seguidores a López, y la privada, nacional o extranjera no llega por la desconfianza en las políticas unipersonales, de hígado y revancha de López Obrador.

Con la cancelación del NAIM, López sepultó la confianza de los inversionistas, dio palo a la Ley y tiró a la basura más de 350 mil millones de pesos, además de las pérdidas en bolsa y utilidades de empresas.

Esa desconfianza que pasa de lo económico a lo político, y que hoy pone en la mira a nuestro país, máxime que, por supuesta corrupción, se cerró la puerta de las licitaciones internacionales para pasar a un plan de asignación directa, donde incluso los nacionales son excluidos para dar paso a los “empresarios de la Cuarta”, aunque no sepan hacer nada, salvo cobrar por lo que no hacen.

Por eso surgieron las más de 170 empresas que se apuntaron como proveedores del gobierno de López y que en el primer año, recibieron contratos por 366 millones de 92 dependencias federales, aunque no fueran del perfil para el encargo. Hubo unas que, en 15 días, lograron cambiar el objeto para el que fueron creadas. Pero eso sí, el 77 por ciento de esos empresarios, tienen qué ver con el presidente.

Ojalá tuviéramos la esperanza de que habrá un cambio por decisión del actual gobierno, pero si lo hace, será porque desde el exterior llega la presión.

La reunión de empresarios de Canadá, Europa y Rusia en la embajada de Estados Unidos para analizar la situación de sus negocios en México, podría incidir en un cambio, pero…

¡Gracias señor Presidente!

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