• Comunidades enteras cercadas por cárteles y el Ejército, secuestradas por inacción del Ganso

Miguel A. Rocha Valencia

Esta vez, el machuchón de Palacio Nacional, no sacó a relucir sus datos. La realidad es que son más de 87 mil asesinatos en lo que va de su administración, más del doble que en los seis años de Peña Nieto y el triple de los contabilizados con Felipe Calderón.

Por primera vez, el ganso de Macuspana reconoció que la tarea de dar seguridad a los mexicanos, es difícil y que su administración queda mucho a deber.

Pero no precisa que pacificar al país fue una de las principales promesas de campaña y ya en el poder anunció su política de abrazos, no balazos, con el resultado de que hoy en el país existan vastas zonas de exclusión dónde los cárteles del crimen organizado mandan y las Fuerzas Armadas federales no se atreven a entrar.

Incluso desde Aguililla, Michoacán el párroco justifica protestas del pueblo, aunque no los métodos de reclamo al Ejército por su inacción, ya que mientras la gente padece hambre, miedo e incomunicación, los militares, atrincherados en su cuartel, reciben por helicóptero todo lo que necesitan para sobrevivir.

Para colmo, se quejan de que les quitan la luz, de tal suerte que por un lado los criminales los tienen secuestrados, las Fuerzas Armadas los aíslan al impedir que pasen alimentos, medicamentos y hasta el suministro de energía eléctrica.

Es decir, ante la orden presidencial de abrazos no balazos, quien sufre las consecuencias es el pueblo. Y mientras el mesías tropical presume sus otros datos, las bandas criminales someten comunidades, se apoderan territorialmente de vastas zonas y los habitantes en vez de recibir auxilio del gobierno, son dejados a su suerte y los aíslan.

¿De qué sirve entonces una Guardia Nacional en la cual se presume hay 100 mil elementos, si no es capaz de cumplir la misión de dar seguridad a los mexicanos? Pero, además, la desnaturalización del Ejército Mexicano llega al grado que, por construir aeropuertos, reparar obras públicas, meterse a la realización de trenes o de refinerías, olvida su misión esencial que es la seguridad nacional.

Pero además metidos en administradores de aduanas, proyectistas, empresarios y nuevos millonarios, los altos mandos castrenses dejan a un lado la seguridad de los mexicanos y obedientemente asumen un papel de cobardes ante agresiones directas de los criminales que incluso los desarman, ofenden, golpean y los corren.

Una vergüenza portar ese uniforme verde olivo o blanco del que siempre existió un gran orgullo, algo que se llamaba honor militar.

El colmo es que hoy se prestan a cercar comunidades, aislar poblaciones como si se tratara de apestados, en vez de recuperar los territorios para la gente de bien, solapando con ello a quienes deberían combatir.

¿Eso es lo que quería el Ganso? ¿Degradar el honor militar a cambio de prebendas, negocios, mejor salario, dinero a manos llenas y armas nuevas para lucir en desfiles y no para defender el territorio nacional de los malos?

Y mientras, se acumulan los asesinatos. Lo que no explica el caudillo de Tepetitán con “sus datos” es porqué si no hay nuevos cárteles si crece el número de víctimas, aumentan los territorios de exclusión del crimen hasta ocupar la tercera parte de la geografía nacional, y porqué los machuchones de esas empresas criminales son intocables.

Porque de todo lo que diga el profeta de la 4T, no surge la explicación de por qué no se les combate, por qué se dejan libres los corredores de la droga y por qué avanza impunemente la participación de los delincuentes en los gobiernos estatales y municipales, donde existen las evidencias grabadas incluso de cómo fueron ellos quienes decidieron qué autoridades habría en sus zonas de influencia.

Hay denuncias directas no sólo en Michoacán, Estados de México, Guerrero, Sinaloa, Baja California, Sonora, Nayarit o Colima sino también en Tamaulipas, Coahuila, Quintana Roo y Oaxaca, pero de eso, no hay ni una sola investigación en la Fiscalía General de la República que hoy sólo sirve para realizar venganzas presidenciales y personales del titular de la misma.  

Viva la impunidad.