• Corrupción supura por los cuatro costados de la Cuarta y ¿No se da cuenta? 

Miguel A. Rocha Valencia 

Al presidente López no le gusta llamar “Chapo” a Joaquín Guzmán Loera, se disculpó por citarlo con sobrenombre, pero no tiene reparo en llamar “Borolas” al expresidente Felipe Calderón y acusar de mafiosos a los otros exmandatarios, ni delincuentes a periodistas. 

Ningún reparo tiene el tlatoani tabasqueño en ofender todos los días a quien se le da la gana, sin posibilidad de que le contesten; lo hace en ausencia y aprovechando la cobertura comprada o no de los medios masivos de comunicación a quienes además se ufana de controlar. Él es quien lo dice y lo presume, al menos “a los principales”, refiriéndose seguramente a las televisoras. 

Tiene sometidos a medios escritos a quienes doblegó “por las buenas o las malas”, con amenazas o billetazos como sucede lastimosamente con el periódico la Jornada. También tiene a la “morralla”. 

Y hay de aquél que se atreva a contradecirlo, no le importa mentir para lograr el objetivo, incluso aplicando el garrotazo a través de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, a cargo del resentido y vengativo, igual que el mesías tropical, Santiago Nieto. 

Pero ofrece disculpa pública expresa por llamar “Chapo” Guzmán Loera, curioso, tal vez porque de ahí, si le podría llegar una desagradable respuesta, más allá de las palabras. 

No se midió empero para decir que el ex líder del Cártel de Sinaloa, es de tercera línea, nada que ver con los auténticos capos del crimen organizado, dando a entender que estos se encontraban en la administración pública, refiriéndose a Genaro García Luna y al mismo general Salvador Cienfuegos Zepeda. 

Tal vez decidió el pontífice de Palacio Nacional no referirse a los verdaderos dueños del crimen que se enriquecen con el envilecimiento de millones de seres en Estados Unidos y otras latitudes y que despachan en edificios corporativos de la Unión Americana. 

Pero más allá de eso, llama la atención que insista en pintar una raya “no somos los mismo”, refiriéndose a los de antes que él en el poder. Pero acaso no se preguntará ¿Por qué en los casos de García Luna y Cienfuegos Zepeda no le informaron?  

¿Tendrá algo qué ver la cercanía mostrada por López hacia la familia del Chapo Guzmán? 

Recuérdese él, el caudillo de Tepetitán fue quien ordenó dejar libre a Ovidio Guzmán López a pesar de que fue detenido por las fuerzas armadas por una orden de captura y extradición solicitada por una corte estadunidense. 

¿Acaso cree López que, en Estados Unidos, las cortes de justicia, la DEA, el FBI o la CIA no saben que viajó a Sinaloa para saludar a la mamá de Guzmán Loera y decirle que estuviera tranquila y que él estaba viendo su “asunto”? 

O estará convencido el tlatoani de Palacio que si él interviene o los buenos oficios de Marcelo Ebrard pueden lograr que le den visa a la abuela de Ovidio para que viaje a Estados Unidos para visitar a “El Chapo”. 

Dice López que hoy ya no hay componendas con el crimen como las tuvieron “los otros”, pero lo afirma tanto, como si quisiera convencerse y hacer creer a la sociedad mexicana de que así es, que hay cambios a pesar que la corrupción supura por los cuatro costados de la Cuarta y que varios de sus cercanos colaboradores no resisten el menor escrutinio. 

¿De verdad creerá el Peje que Alfonso Durazo es “puro”, que quien está a cargo hoy de la Sedena no tiene abierto un expediente al otro lado de la frontera, que Manuel Bartlett podría viajar sin temor al otro lado del límite? 

Bueno ¿estará convencido que no le será reclamada su cercanía y apapacho con ciertos habitantes de Badiraguato o que nadie se preocupa por investigar en serio de dónde recibió aportaciones para sostenerse tantos años en campaña? 

¿No sería mejor que guardara silencio en vez de darse baños de pureza que ya pocos le creen? 

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