• Vienen días negros para México. Los de la 4T y su profeta nos llevan al despeñadero

Miguel A. Rocha Valencia

Es obvio que los morenos no van a dejar el poder por las buenas, al menos no el próximo sexenio y aunque se detenga la actual depredación del ganso en materia económico-financiera, destrucción de instituciones, entronización de la opacidad, corrupción e impunidad como sello distintivo del régimen y la miseria invada millones de hogares más en lo laboral y en salud, el daño que se causará a México será criminal.

Porque, además, las cifras de fallecimientos se acumularán por el tema de inseguridad, es decir, habrá más asesinatos, continuarán las muertes por falta de atención médica y medicamentos en especial en enfermos con cáncer, crónico degenerativas y desde luego por la incapacidad de la gente que, empobrecida, para acceder a estudios y tratamientos.

Ni hablar en lo político, donde el crimen organizado estará más metido que nunca, en connivencia con presidencias municipales, gobiernos estatales y federal, donde ya tienen voz y voto, incluso a través de los congresos, además de dominar de facto, regiones enteras donde ellos mandan.

Tras de todo esto, estará siempre la interpretación morenista de la Ley donde hoy la voz que manda aprueba o descalifica es la del machuchón de Palacio Nacional, así llegaremos al final de este sexenio cuando algunos creen, terminará la pesadilla.

No habrá terminado, aunque si podría darse un cambio, no sin antes de un cierre sexenal de auténtico miedo en que el profeta cuatrotero, negará cualquier triunfo opositor reconocido por las odiadas instituciones electorales.

Si acaso la oposición lograra consolidarse y ganar la presidencial, el caudillo clamará fraude, como lo hizo en 2006, cuando no tenía el poder y sin embargo causó una crisis política que puso en riesgo al país, cuestión que a él no le interesa, va por lo suyo.

Por ello insistirá en derribar al INE o someterlo a su voluntad lo mismo que al Tribunal Electoral del Poder Judicial, no buscará judicializar la elección sin importar el margen, se irá a su consulta callejera, tomará las calles y sin importarle nada, enfrentará a hermanos contra hermanos. Eso ya se sabe. La “fiesta cívica” del fin de semana pasado, es la muestra de hasta dónde son capaces de llegar los morenos. Confrontarse entre ellos mismos sin medir consecuencias.

Pero no sólo en ese proceso México tendrá una huella indeleble sino también en lo económico. Ya se vio que los empresarios no van a invertir. Bajo amenaza o promesa de negocio “cooperan” con dinero que saben es a fondo perdido como el caso de las peje-rifas, pero no van a invertir.

La llegada de dinero del extranjero se ve más difícil, por el contrario, podrían irse muchos miles de millones de pesos y dólares más en los próximos meses lo mismo de los que están documentados en papeles de gobierno como en inversión directa. Si se da un reclamo de liquidación de deuda, caeremos en una crisis superior a la de 1994, donde además contábamos con brillantes economistas que supieron torear el asunto, incluyendo el préstamo de 30 mil millones de dólares de Clinton y Zedillo, recuperarnos y crecer a tasas históricas.

Claro de Zedillo al mesías tropical hay un abismo.

El gran peligro es que el ganso no va a recular respecto a su idea de rechazar o cancelar inversiones en energía que le disputen mercado a la CFE y pongan en riesgo el mercado para PEMEX. No importa que salga con la “novedad” de desconocer el T-MEC y decir que a él y su embajador Seade, los agarraron dormidos.

De hecho, los analistas ven el riesgo cierto de que eso ocurra y las previsiones de crecimiento, aunque se marcan por arriba del dos por ciento, la verdad es que no se va a alcanzar. Los analistas entrevistados por CitiBanamex, prevén una baja mínima al 1.8 por ciento, que, si se promedia con los años anteriores, nos da una expansión que no llega al uno por ciento y expresa el estancamiento del país en materia económica y explica el registro de millones de mexicanos en las diferentes expresiones de pobreza que van de lo laboral a salud pasando por la alimentaria.

Por eso la insistencia de que caminamos seguros hacia la recesión donde el mayor daño será la imposibilidad de contener precios de básicos, en tanto que un cierre de fronteras y menos densidad en la inversión, nos llevarán a una catástrofe que parece “avisada” y a la vista. Lo cierto es que México ya no es el mismo, está mal y va para peor.