• Los de hoy, resultaron peores: cínicos, ignorantes, vengativos, incapaces de construir algo

Miguel A. Rocha Valencia

Pocos presidentes fueron evidenciados por mentirosos y corruptos casi todos los días, como lo es hoy como el Ganso de Macuspana. Tampoco tenemos memoria de alguno tan cínico que le importara muy poco ser exhibido como tramposo, rencoroso, autoritario e incapaz.

Es entonces que descubrimos la dimensión del enojo social que dejarán tras de sí quienes fueron despojados del poder por el mesías tabasqueño y los mexicanos pagamos hoy con un régimen tan nefasto como el del mesías tropical.

De hecho, los mexicanos de hoy, estamos pagando la factura de todas las trapacerías, excesos y desviaciones de regímenes anteriores, aumentadas por un Oráculo palaciego que todas las mañanas lo saca a relucir para justificar sus propios errores, corruptelas, deficiencias y venganzas. Porque está claro, el Peje no ganó la elección sino la promesa de castigo a una clase política que robó, tomó decisiones equivocadas y que muchos extrañan.

Aquello de que “estaríamos mejor con López Obrador”, quedó en el imaginario colectivo como un deseo incumplido que poco a poco se convierte en desafortunada convicción de que eso no sucedió y por el contrario se cumplió la advertencia de muchos quienes pronosticaron que el caudillo de Macuspana, era un peligro para el país.

Hoy se materializa el hecho. El poder no envileció a quien ya lo era. En más de una ocasión se exhibió al todavía candidato cuando señalaba que acusar a los otros de rateros, era lo más rentable y si se agregaba la promesa de que los castigaría, el estímulo fue mayor para una sociedad ofendida por la “mafia en el poder”.

No esperaban que llegara otro cártel de corrupción a hacerse cargo del país bajo la falsa promesa de castigo a la corrupción, al crimen, freno a la violencia y crecimientos económicos más allá de lo que se calificó como “pírrico dos por ciento” para llegar por arriba del cuatro por ciento del PIB. Nada de eso se cumplió y la promesa sigue usándose sólo para el escándalo.

Quienes votaron por Morena, no sospechaban que el profeta de la 4T encabezaba una nueva mafia, más voraz, cínica y corriente que desde los primeros días se dedicó a robar, a entregarse y dar a sus cuates y familiares, contratos públicos pasando por alto toda normatividad y violando cínicamente la ley.

Llegaron ávidos, escuchamos sus discursos llenos de rencor o desquite: “ahora ya llegamos nosotros, ya lo verán”. Llegaron incluso a violentar el marco legal no sólo para robar el presupuesto público con adjudicación directa del presupuesto, sino también con “ahorros” que nadie sabe dónde están, pero que se reflejan en una administración cada vez más deficiente.

Algunos al ver que se trataba de un nuevo saqueo, pero este sin pudor, violentando la norma y justificado por su Tlatoani, prefirieron irse. Los que se quedan son tan insaciables que hasta el dinero de las instituciones se quedan o se reparten no sólo los cargos públicos, sino que se agandallan los organismos autónomos y donde hay resistencia, se van al asalto encabezados por el caudillo de Tepetitán.

Y es que ahí, en los autónomos, no sólo hay cargos y presupuesto por repartir, sino también concesiones a otorgar y que dejan muy buen dinero, si no, que les pregunten a las secretarias Nahle o Sandoval, a los directores de la CFE, Pemex o IMSS.

Pero al menos como los que se fueron, dejarán “algo” como obra pública. NO dejarán nada, arrasan como langostas una milpa de maíz. Se quedan con el dinero de los programas sociales o los “pellizcan”, gastan en lo que les da la gana a pesar de que los recursos estén etiquetados o se necesiten para urgencias.

Si falta dinero, recurren al recorte de personal, de servicio, de mantenimiento del aparato público, a la ordeña de los salarios y prestaciones de la burocracia. Resultaron más voraces, pero menos productivos y capaces de quienes se fueron. Aquéllos, robaron, pero dejaron instituciones, empleo, crecimiento, personalidad y al menos algo de clase. Los de hoy, son demasiado corrientes.

Los de hoy son viles asaltantes, algunos con excesiva hambre generacional de riqueza y poder. Tal vez por eso son como son, pero lo peor es que además de cínicos y corruptos, son impreparados, incapaces de construir algo, por eso sólo destruyen y culpan de su pobreza intelectual, cultural, ética y cortedad de inteligencia, a los que se fueron, a quienes hoy muchos extrañan con todo y sus excesos.

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