- Lo que parece un “me vale”, es en realidad preocupación en la 4T
Miguel A. Rocha Valencia
Dicen sicólogos sociales que las reacciones de palacio Nacional reflejan que hay mucho enojo, frustración y hasta incapacidad para enfrentar la crisis que vive México en diversas materias y que en ocasiones también muestran desesperación por no encontrar soluciones y sentir que los “apoyos y fortalezas” del régimen, son una quimera.
Consultados por quien escribe coinciden los especialistas que más allá de la posible fortaleza que sienta o exprese el régimen, sucede lo contrario. “Nadie que se sienta fuerte e intocable sale a pregonarlo”. En todo caso es una muestra de la inseguridad o desesperación por que las cosas no salen como quisieran o resienten la pérdida de algo, que bien podría ser, legitimidad.
Esto significa que quien ejerce el poder podría endurecer sus posiciones y pasar del “me importa poco lo que digan, yo mando”, a la negación de las libertades porque en el ejercicio de las mismas se ve un peligro para el régimen como ocurrió con la pasada marcha de la Generación Z, donde la participación de adultos fue satanizada y hasta responsabilizada de ser de derecha, ofender y financiar la violencia.
Esa violencia que ha existido y tolerado en todas las marchas anteriores, que se atribuye a grupos de choque pagados desde el oficialismo y que en esta ocasión se usó para tratar de desprestigiar el movimiento social, disminuir el flujo de manifestantes al Zócalo y propiciar su dispersión.
Se vio a las claras que no fueron los de negro los más agredidos sino muchas personas pacíficas como el adulto que con todo y bandera fue “descontado”, tirado y pateado en el piso por uniformados que se dijeron agredidos.
Hasta recordé aquél grito de “Haaaaalcones” cuando se reprimió a estudiantes el jueves de Corpus, del 10 de junio de 1971, cuando estudiantes principalmente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) fueron salvajemente golpeados por un grupo paramilitar en San Cosme, inmediaciones de la normal de Nacional de Maestros precisamente para evitar que los jóvenes llegaran al Zócalo.
Pero más allá de culpables y estrategias de derecha e izquierda, lo cierto es que el asesinato contra el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, hizo que afloraran inconformidades, que los silentes hablaran y los jóvenes expresaran sus preocupaciones por un México que a lo mejor está bien, pero no les gusta sobre todo cuando la percepción de inseguridad (falsa o legítima) aumenta lo mismo que los casos manifiestos de corrupción y su pareja la impunidad.
A los casos de Segalmex, AIFA, Tren Maya y refinería de Paraíso, Tabasco, se suma el saqueo público y probado de la familia López, de las complicidades criminales del exsceretario de gobernación con La Barredora, la sospechosa impunidad de gobernadores de Michoacán, Tamaulipas, Sonora o Sinaloa.
Y para colmo la revelación de una empresa criminal llamada huachicoleo fiscal y con hidrocarburos que se ve apadrinado por quien dijo que lo terminaría y que desde su escondite hace y deshace y otorga impunidades a sus fieles aun sobre la voluntad presidencial.
Ahí mismo se inscribe el asesinato de líderes campesinos, el chantaje a empresarios y políticos, el cerco financiero y judicial a medios de comunicación, la amenaza a periodistas y líderes sociales, mientras que del otro lado se protege a haraganes como muchos hay en el Congreso federal iniciando por los Blanco, Noroña y los que se apunten con faltas y cínico enriquecimiento mediante el abuso del poder.
Eso lo ve la gente como a los intocables Adán Augusto u Ovalle Fernández que ahora cuentan hasta con su propia corte de Justicia como lo advirtiera la ex consorte presidencial que no está lejos de tomar revancha por “injurias” en torno a su riqueza y pretendida nacionalidad.
Así o peor están las cosas, tanto que hasta la patronal se atreve a alzar la voz para afirmar que la extorsión mata a las micro, pequeñas y medianas empresas que son dicen, el corazón productivo del país.
Y es que al igual que los productores del campo y de industria, con el flagelo de la extorsión que ocupa la mayor parte de la geografía nacional no puede haber inversión ni avance.
“No se puede permitir que grupos que operan fuera de la Ley sustituyan al estado, decidiendo quién trabaja, quién invierte, quién abre, quién cierra y quién se va”. Responsabilizan al gobierno federal del problema lo mismo que los jóvenes “marchantes” del sábado pasado. Afirman que más de ocho mil 550 patrones fueron víctimas del delito.
Pero claro, el régimen del anual populista debe procurar confrontar, no reconocer errores y acusar a los demás de sus fallas, incapacidades o corruptelas, esa es su esencia porque la “revolución” es un movimiento constante, no para aunque destruya.















