“¡Hey!, los niños pequeños, no desaparecen /

(escuché que fueron unos 28 mil) /

Todo lo que quedó tras de un año /

Un rostro desaparecido, el pedazo de una oreja” /

The Wheel / PJ Harvey

Jesús Serrano Aldape*

Así describe Polly Jean Harvey (Bridport, Inglaterra, 1969) la limpieza étnica durante la guerra de Kósovo en su álbum The Hope Six Demolition Project (2016), donde la artista británica muestra al escucha su diario de viajes en 11 emotivas historias que visitan, entre otras locaciones, su paso por Afganistán, Kósovo y Washington.

Con la técnica de cronista corresponsal de guerra, PJ Harvey visita algunos lugares en que la historia ha sido en verdad dolorosa, para describir estampas del presente que guardan una extraña relación con un pasado en que el mismo hecho histórico es manifestado en los versos de la canción, un pasado que explica un terrible presente.

Como en Medicinals, tema de ritmo marcial en el que la creadora deambula por el National Mall, parque nacional en Washington, donde recuerda las hierbas medicinales que en ese lugar crecían antes de la llegada del hombre blanco. PJ nos saca del trance de la remembranza describiendo a una mujer en silla de ruedas con gorra de los Pieles Rojas, cantando, mientras de una botella envuelta en una bolsa de papel sorbe un nuevo analgésico creado para los nativos americanos en las reservaciones.

Ese es el estilo con el que la hacedora de To Bring Me My Love (1995), elabora un relato musical que podría considerarse incluso de valor periodístico.

A PJ ya la han llamado la artista de la guerra, (se lo ha ganado a pulso), y en The Hope Six Demolition Project cambia la locación de sus investigaciones previas, presentes en Let England Shake (2011). El mismo método que aplicó a la pérfida historia de su patria, ahora lo emplea para una suerte de diario de viaje que para el lector atento es casi como si la abyección de las páginas de noticias internacionales fueran el nutrimento de sus instantáneas de vida moderna que parecen sacadas del concurso del World Press Photo.

Pero tan multidisciplinario como se escucha lo anterior, PJ le da importancia capital a la música, utilizando en la mayoría de las piezas la estructura de marchas militares, surcadas aquí y allá por su saxofón, utilizado como hilo conductor de sus inquietudes. En el álbum el saxofón expresa desde el inicio, con su rasposa sinceridad, la espina dorsal de cada uno de los cortes.

El saxofón de PJ explora -a veces fundido en la marcha, otras con pleno protagonismo rockero, y en partes como simple metáfora, escindido allá en el fondo- las atmósferas adecuadas para cada una de las 11 historias que nos cuenta, desde la demolición de un sector emblemático de la historia de Estados Unidos para poner un Walmart, en el tema homónimo del disco, hasta una visita por los campos de refugiados en Afganistán en A Line In the Sand, pasando por su rezo ecologista para que alguien limpie las aguas contaminadas del río Anacostia.

Con tiento de esteta consumada otorga el tiempo requerido para cada viñeta, con un aire de himno en unas, con la ampulosidad de un rito iniciático en otras, siempre dándole una proyección distinta a cada tema, intentando que su mención de las ideas no sea proselitista, sino anecdótica; PJ hace crónica periodística, o algo parecido.

La misma PJ se pregunta en el descomunal y triste final del álbum, en Dollar, Dollar, si no estará perdiendo su tiempo al cantarnos estas canciones en que ella trata de mantenerse al otro lado del vidrio del auto, mientras un niño hambriento le toca el cristal y le pide un dólar, en metáfora perfecta de nuestro mismo papel como espectadores ajenos de estos pequeños fragmentos de realidad.

ODA A LOS DESAPARECIDOS DE LA GUERRA

Y como cúspide del álbum (opinión personal, por supuesto), The Wheel irrumpe con su blues psicodélico, nuevamente llevado a la vida por el saxo de PJ; una guitarra eléctrica al extremo que desaparece en el intro para transmitirle su virulencia contenida a la guitarra acústica, con sabor gitano. La voz de Harvey y el coro masculino es afín a aquella obra maestra llamada Let England Shake.

Es un inicio que nos aproxima a un precipicio y cuando estamos a punto de caer en él, la voz de PJ nos rescata y la guitarra acústica pinta todo como una vieja canción folk, pero llena de ámpulas. Ya estamos inmersos.

La artista utiliza la imaginería de una rueda de la fortuna de feria para llevarnos a la terrible realidad de la desaparición de jóvenes durante la guerra de Kósovo. Describe el muro repleto de las fotos de desaparecidos en 1999, fotos quemadas al sol, como en descripción de concursante del WPP.

Pero ante todo, el encanto perverso que invoca PJ es el de traer todo a la vida por medio de música que invita a una jovialidad como de juego de niños, como si estuviéramos girando en esa atracción de feria, con la simple frase como coro perverso:

“Ahora los ves, ahora no”

Es estremecedor cómo un acto de brutalidad militar puede ser expresado por medio del juego vocal en una canción, y es capaz de dejarnos en el centro del problema con ese avieso tiento de experta para luego desvanecerse tan súbitamente, no sin antes dejarnos esa frase que nos deja escocer la piel y el entendimiento:

“Y míralos desaparecer…”

Escucha aquí The Wheel de PJ Harvey:

*El autor es escritor y periodista; radica en la Ciudad de México.  

 

 

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