Del segundo álbum homónimo de este sofisticado artista, se desprenden dos instantes que a la distancia parece injusto que no hayan sido éxitos rotundos, dos verdaderas joyas

“Vamos, no esperes hasta mañana”

Bring It On / Seal

Jesús Serrano Aldape

Seal nombró su segundo álbum exactamente igual que el primero. Y en sus canciones, cuidadosamente arregladas para apelar a la demográfica denominada “adulto contemporáneo”, está ese sentir de la medianía de edad, pero con una dignidad que haría que Michael Bolton escondiera la cabeza en la arena. 

Admitámoslo, Henry Olusegun Adeola Samuel (Londres, 1963), mejor conocido como Seal, músico británico de madre nigeriana y padre brasileño, tiene una voz que podría sostener cualquier canción sin música y obligarnos a prestar atención; es simplemente demasiado talento y estilo. Crea presencia, dirían en términos teatrales. 

Su segundo disco, Seal (1994) es muy recordado por incluir Kiss From A Rose, que fue tema de la película Batman Forever (1995), de Joel Schumacher (injustamente aborrecida por la inmensa mayoría); Don’t Cry, bonito sencillo millonario, y otros temas exitosos que después inspiraron notablemente el pop de la primera década de los dosmiles.

Otro sencillo popular fue Prayer for the Dying, excelsa canción con Seal llegando al límite de su voz. Pero quizá el gran público ignora injustamente las verdaderas joyas de la corona de este álbum tan cohesionado y completo. A saber, Dreaming on Metaphors Bring It On.

La primera es un círculo o rondó conducido por la voz de Seal y el piano, tocado con un sabor de percusiones latinas que sienta bien a un ambiente tan discorde, con un clímax tan estudiado que sorprende que el productor Trevor Horn no lo haya puesto como un número estelar del disco.

Seal (Sire, 1994) .

Es injusto, porque de hecho, a la fecha, para el escucha casual a lo largo de los años, Dreaming on Metaphors se ha convertido en un “simple” puente necesario para llegar a otro instante de gran popularidad: Don´t Cry. ¡Absurdo! La forma en que maneja las intensidades y el impacto de su voz, hasta el final lleno de necesaria templanza después del estallido, es una master class para cualquier aspirante a cantante (se tenía que decir y se dijo).

Es un dilema complejo este segundo álbum. Es como si la música más introspectiva de la grabación sólo sirviera para conducirnos a los sencillos que hicieron del disco, y de Seal, el artista más escuchado en Inglaterra en 1994. Pero hay calidad más allá de la vendimia, en este músico, más famoso en la actualidad, quizá, por ser coach en el programa The Voice, en su versión australiana.

Es donde a Seal hay que tomarlo en cuenta como cosa a parte de la industria, del mainstream, y considerar su enorme talento musical, y sensibilidad, un producto de la industria discográfica, pero uno de una calidad infinitamente superior a la de muchos números que ya nadie recuerda.

¡Hagámoslo!

El otro instante que las personas suelen ignorar, injustamente, es el mismo comienzo del álbum. Bring It On, una poderosa canción con arreglos tradicionales; tiene ese feeling de estar flotando en el limbo que hizo famosa Crazy, la canción que a su vez hizo popular a Seal. 

Bring It On (término en idioma inglés que es como decir: vamos, ¡hagámoslo!), es perfecta para abrir un disco, con su bajeo seco funky, con sus efectos que parecen esculpidos como para una pasarela, con todo el glamour y sofisticación y con su actitud de energía optimista, con las declamaciones al estilo trágico que podrían esperarse de un hombre con cicatrices en las mejillas que ha vivido un horrible pasado.

La forma con la que canta la frase titular es de una fuerza que cualquier aspirante a cantante debería estudiar con detenimiento (y luego resignarse a que son alturas difíciles de alcanzar). 

Bring it on/ Don’t wait until tomorrow

Si se presta atención, atonal y oculto entre el devaneo de la música, encontraremos un bajeo que va hacia otra latitud, el cual estará presente en el cierre del disco, donde podemos escuchar otra versión de Bring It On, pero una más atmosférica, que parece un demo de la primera.

Tal detalle de Seal y el productor Trevor Horn, brinda una idea cíclica a todo el disco, porque mientras la original parece perfecta para abrirlo, la otra versión cierra toda la obra de una forma magnífica, dejándonos con ganas de más.

Entretanto, Seal aproxima el tema hasta el mismísimo precipicio, pero cuando en música y efectos ya está llegando a él, se detiene, mientras los coros femeninos convierten esa sencilla intervención algo que se queda en nuestra memoria instantáneamente. Seal se para y mientras la guitarra eléctrica irrumpe para llevar el tema a su extinción, nos deja disfrutar de la pausa como haría un actor experto en el escenario para asentar su gesticulación y líneas.

Luego canta con pasión:

Don’t wait until tomorrow /No lo dejes para mañana

Hasta que el ritmo nos conduce a la salida en el que apenas es el comienzo de un discazo.

Disfruta aquí Dreaming on Metaphors:

Y acá Bring It On:

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