Tónico Sónico / De la pesadilla angelina a la penitencia campirana

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Laurens Walking de Angelo Badalamenti, compositor de cabecera del cineasta David Lynch, contenida en su película más sobria, A Straight Story, no sólo incita la inocencia campesina o a lo entrañable de la tercera edad; incluye una melancolía por los viejos tiempos que la modernidad olvidó.

Jesús Serrano Aldape

Los ensueños metafísicos de Angelo Badalamenti (Nueva York, 1937) como compositor de cabecera e hilo conductor de la locura de David Lynch, encuentran una forma de expresión más sentida y menos enigmática en la banda sonora que compuso para la película A Straight Story (1999), del mismo Lynch.

Una Historia Sencilla es precisamente eso: una historia sin las complicaciones oníricas de Blue Velvet, la oscura trilogía sobre Los Ángeles o el enano panzón de Twin Peaks. A Straight… narra el viaje de un anciano que tiene que recorrer una gran distancia en una podadora para ir a ver a su hermano enfermo. 

A la par de ser un comercial nada sutil para la marca de tractocamiones y podadoras John Deer, es una forma inteligente de Lynch de demostrar su sensibilidad como contador de historias más “sencillas”. Aunque es de notar que hay un gran surrealismo en la trama de un anciano atravesando los campos sobre una podadora que va muy lenta y que las situaciones con las que se topa Alvin (Richard Farnsworth), incluyendo algunos encuadres y secuencias, son tan David Lynch, que sabemos de inmediato quién es el padre de la obra.

El tema emblemático de la música para esta película, aquél que acompaña a Alvin cada que se trepa a la podadora para continuar su largo viaje, es Laurens Walking, donde Badalamenti utiliza su imaginería musical de combinación e interposición de planos y de ciclos lentos y largos al lado de una guitarra acústica y violín, conviviendo en una suerte de baile, o vals, para referir y tributar al medio oeste americano de Iowa con cada plano secuencia al aire libre.

Angelo Badalamenti.

Laurens Walking funciona a la vez de como un horizonte de pureza e inocencia aún no contaminada por la visión urbana pesadillezca de Lynch; como una suerte de viaje espiritual introspectivo, sin Julee Cruise (la cantante fetiche de Lynch, presente en los soundtracks de Twin Peaks, aquella que mejor ha plasmado el lado romántico del creador de Missoula), solo la hazaña del periplo que otros ven con rutina; pero no Alvin, enfrascado en una suerte de viaje espiritual para hacer las paces con su hermano.

Como en otras ocasiones, Badalamenti es quien ayuda a suavizar y trasladar a música la imaginería visual de Lynch, que inicia la película con un tenso travelling en el que no sabemos qué pasó con Alvin. Si bien esa secuencia es tensa, Badalamenti ayuda a Lynch a volver al redil y a centrarlo en la sencillez de la narrativa.

Badalamenti, que en el pasado ayudó a Lynch a eternizar los momentos hasta volverlos de un surrealismo tétrico, en esta ocasión es el vehículo de ese sentir más sobrio, para mostrar a Alvin en un viaje por el mundo lynchiano, pero como un personaje que es completamente ajeno a las situaciones que atraviesa, que va de paso. Es donde la música que acompaña al protagonista, bien puede ser una especie de luz que le permite pasar y salir ileso de la oscuridad y locura apenas sugerida por Lynch en varias partes del trayecto.

Laurens Walking, así, es el tema fetiche que le permite a Lynch manejar el concepto de su historia sencilla. Angelo elabora con instrumentos caros a la tradición de música Country o Americana, una idealización que es bastante común en los baby boomers, esa generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, ese gusanito del que también es irremediablemente culpable John Lasseter de Pixar: el creer que el pasado estadunidense es mejor que el presente y que el futuro. Lynch deja a Alvin y a su hermano como parte de una época “inocente”, que va a desaparecer cuando ellos cuelguen los tenis, quizá por eso la melancolía del viaje. 

Pero como en la película, Angelo sólo conduce, acompaña al anciano en su viaje de penitencia, mostrando que Alvin y su hermano en realidad no tienen lugar en el presente moderno, y de hecho, el único destino que desea para sí es volver a ver a su hermano y olvidar las viejas rencillas, antes de partir al siguiente plano.

Escucha aquí Laurens Walking de Angelo Badalamenti:

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