Azniv Korkejian.

Bedouine- Bird Songs of a Killjoy, el segundo disco de la artista armenia estadunidense, puede ir del bossa nova al folk sesentero sin problema, pero en su centro está un díptico que define toda la obra

Jesús Serrano Aldape

“Y ave, si te retengo tan estrechamente / Ave, si estuviste cálida durante la noche/ Te dejaré ir” Bird- Bedouine

Azniv Korkejian es una compositora e intérprete armenia nacida en Siria, que en su segundo álbum, Bird Songs Of A Killjoy (Spacebomb Records, 2019), continúa su exploración del pop folk de los sesenta, estudiando sus alcances al lado del multiinstrumentista Guy Seyffert, en un álbum conceptual que tiene a los pájaros y distintas significaciones de ellos como hilos conductores.

Con sólo la guitarra acústica y su voz, la artista puede lograr una comunión irreal entre lo moderno y lo sofisticado, el lirismo y la belleza, de compositoras de los sesenta muy a la Joan Baez en canciones de fácil asimilación, pero con profundidad filosófica y sonora.

El tono de reflexión empleado por Korkejian sienta bien a las canciones, que giran alrededor de sus sencillos círculos de guitarra y las ingeniosas y cuidadas ambientaciones y tinglados musicales ambientales que pone Seyffert a su disposición.

Un inteligente uso de los elementos para evocar viajes de descubrimiento que crean en el escucha nostalgia por una era ya ida, (la de los sempiternos jefes hippies de los sesenta), pero también un confort sónico que trasciende épocas.

Pero de las 12 piezas, hay un díptico justo en el corazón de Bird Songs of a Killjoy que domina; muestra los alcances del dúo Korkejian-Seyffert para crear significaciones y lleva al álbum al nivel de revelación.

Bird Songs of a Killjoy (Spacebomb, 2019).

Bird y Bird Gone Wild constituyen las dos canciones mencionadas. La primera relata una escena maternal con la voz de Korkejian que, junto a las flautas, arregladas con una sincronía perfecta por Seyffert, le dan una cualidad sónica propia de las aves, los instrumentos de aire; la segunda relata la vida difícil del ave cuando ésta ha abandonado el nido y se ha enfrentado por fin a la vida.

Es la idea de la concepción, del nacimiento, la que hace muy plena a Bird, que al final pondrá en movimiento la idea de la siguiente canción, Bird Gone Wild, como si de su hijo se tratara, por medio de un piano y un cello. Una analogía que puede servir para comprender esta génesis: es como si Bird fuera un bebé en brazos de su madre y en Bird Gone Wild esa criatura ya creció y se enfrenta a los sinsabores de la vida.

Bien marcada está esa auténtica evolución, hasta en la enunciación del ave, “simple”, que se convierte en un ave que “se vuelve salvaje dentro de una jaula”, con un puente instrumental para unir a ambos estadios de tiempo en uno solo.

El primero anuncia lo que será el segundo y parece una deliberada consecuencia de éste. Así, ella, la hermosa artista armenia estadunidense, con esa voz que susurra y alcanza intensidades poéticas de añoranza y ternura, canta equiparando su voz a una pequeña canción de cuna, de tal modo que relata sobre un hecho concreto, que es mantener a su cuidado a un pequeño pájaro hasta que le crezcan las alas, pero establece una relación con la idea de maternidad simbólica, que no deja de ser maternidad y punto.

“I release you to sing”, “te liberaré para que cantes”, canta Azniv con belleza inmaculada, mientras las flautas toman protagonismo especial, porque describen el mundo en el que le tocará vivir al pajarito cuando por fin abandone el nido, de tal modo que la música de Bird lleva consigo el sentimiento de alegría por lo inesperado para el ave, un mundo que se abrirá ante él con sus infinitas posibilidades, pero de melancolía para la madre, que quedará triste cuando su hijo metafórico abandone el nido por medio de sus alas.

Pero mientras el primer tema se afinca en las flautas, el segundo hace lo propio con el cello llevando la idea de las aves a las relaciones humanas, como si la calma del inicio de la vida en Bird diera paso a la complejidad de la existencia.

Azniv canta el coro con especial sentimiento: “Don’t let me down, i’m beating ‘round a cage like a bird gone wild”, en quizá la búsqueda de la ayuda del ser amado (probablemente la madre), ante la vida que le está dando una épica paliza.

Es el terciopelo y calma que oculta debajo una situación tormentosa, digna de la inmigrante que se siente ajena, de la artista itinerante buscando su hogar, la idea del álbum, donde las aves son utilizadas para establecer tanto estados de ánimo como etapas de vida, muy similar al trabajo de Kate Bush en Aerial (2005), en donde en el clímax se da la metamorfosis de Bush en un ave; o más recientemente, Laura Marling, con su Once I Was an Eagle (2013), que similar a Bodouine crea un círculo de canciones basadas en la guitarra acústica y en las aves como supremas dispensadoras de filosofías de vida.

Bird y Bird Gone Wild son muestras de la capacidad de composición de Azniv Korkejian y coloca a su agrupación como uno de los instantes más entrañables en lo que va de este año.

Escucha aquí el enternecedor Bird:

Y aquí su evolución natural en Bird Gone Wild:

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