Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas los temas de la agenda presidencial comienzan a escasear. Cada vez que el señor que trabaja de Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no encuentra de que hablar o sus adversarios no le dan motivos para reclamarles, vituperarlos, ofenderlos, denigrarlos o calificarlos como culpables de todo lo malo que pasa en este país, le da por recurrir a temas que debieran salir de la agenda del país pero que le sirven para desviar la atención de lo relevante, o lo que se debe resolver en lo inmediato.

Ahora recurre al tan llevado y traído caso de las desaparición de los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapa, esos desgraciados que desaparecieron a más de ciento cuarenta kilómetros de su lugar de estudios, y que hasta ahora nadie sabe qué diablos estaban haciendo cuando acudieron a la terminal de autobuses a sustraer algunas unidades para sus fines de hacer presión y de trasladarse a donde solamente ellos sabían, y que al final decidieron tomar el camión equivocado, con lo que sellaron su lamentable destino.

Pero también hay que señalar que Vidulfo Rosales se ha dedicado en los últimos años a manipular a los adoloridos Padres de los desaparecidos, y hasta ahora lo único que ha conseguido es alargarles la angustia de no encontrar respuestas. Para decirlo más claro, hasta ahora los resultados han sido nulos por la razón de que hay intereses escondidos en la manipulación de los padres para seguir manteniendo viva la esperanza de que aparezcan con vida. 

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, esa ha sido la cantaleta de quienes se han montado en el lamentable suceso para mantener viva la llama del reclamo y de la acusación al Ejército Mexicano que tiene un destacamento importante en la región por la febril actividad de los grupos delincuenciales que utilizan el destino de los viajeros hacia Estados Unidos para introducir la droga que se vende en los principales mercados de Chicago, donde se asienta una gran colonia de hombres y mujeres del Estado de Guerrero.

El oportunismo de Andrés Manuel López Obrador para manejar los temas de la agenda pública ha sido planeado minuciosamente, y cada vez que la agenda de la ineficiencia sale a flote, tiene que echar mano de otros recursos para evitar que los mexicanos nos demos cuenta de los brutales yerros que se están cometiendo al mandar una serie de miles de cientos millones de pesos para utilizarlos discrecionalmente en programas sociales una vez que sean declarados como subejercicios.

La menguante popularidad de quién encabeza los destinos del país requiere de nuevas inyecciones de dinero para mantener la posibilidad de alcanzar mayoría en la elección intermedia, pues de lo contrario el escenario que se presentaría sería el completo desastre del proyecto. Ante la baja de su popularidad, los nulos resultados de su gestión, lo que más le importa es mantener el control de los caudales públicos porque sabe que sin dinero, su muerte como mandatario sería inmediata. Así de simple. Al tiempo. Vladimir.galeana@gmail.com

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