Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador sigue siendo un enorme peso para la dirigencia del Movimiento de Regeneración Nacional, pero sobre todo para los integrantes del gabinete central y ampliado quienes normalmente no toman decisiones hasta que el Presidente de la República les autoriza.

Hasta ahora esa ha sido la constante, y quizá lo peor para la toma de decisiones es que más que nunca se ha centralizado y nadie cumple con su obligación por su propia cuenta o responsabilidad sin recibir un regaño.

Para decirlo más claro, Andrés Manuel López Obrador no es tan solo el Presidente de la República, también ocupa todas las carteras del Gabinete central y ampliado, nadie se mueve si no recibe su autorización, nadie instrumenta programas sin antes solicitar permiso, y quién osa hacerlo, de inmediato padece el reclamo personal, y lo peor, es que pudiera ser señalado públicamente en alguna de las conferencias que diariamente encabeza para fijar líneas de comportamiento y marcar esa supremacía de la que siempre ha hecho gala.

Hasta ahora no se visualiza ese cambio de régimen que durante tanto tiempo señaló en sus disertaciones porque no quiere perder esa posición de líder social, dirigente de partido y Presidente de la República. El mejor ejemplo de lo que quiere es la práctica de un centralismo brutal cuyas decisiones pasan por su autorización, y nadie puede instrumentar decisiones personales sin antes consultarlas porque lo que sigue es la defenestración o el ridículo público, como le ocurrió a Miguel Barbosa, a quien ni siquiera, en atención a la investidura o por ser el anfitrión, saludó en un evento público, pese a que el gobernador se levantó para extenderle la mano al presidente.

Esa es la dimensión de un mandatario que gobierna como si estuviéramos en un régimen centralista sin respetar la característica constitucional de que los estados del país son libres y soberanos. Lo peor es que también ha hecho lo mismo con los gobernadores elegidos democráticamente y lo único que espera de ellos es la obediencia fiel de lo que propone y dispone en sus disertaciones mañaneras.

Hay de aquel que no se pliegue a sus designios, porque lo que sigue es el escarnio público y el retardo de los fondos federales que está obligado a distribuir por las características del Pacto Federal.

México está viviendo ese fenómeno centralista pese a ser una República Federal que se repitió durante mucho tiempo por la forma en que los tricolores gobernaban. Pero también hay que decir que las libertades para la conducción de las entidades federativas eran relativamente amplias en cuanto a su organización interna y la generación de sus propios recursos. Hoy los gobernadores están acotados y sometidos, incluso los de oposición. De ahí el llamado de muchos de ellos para conformar un bloque opositor que contrarreste en la elección intermedia ese centralismo personal que en la práctica lleva a cabo el Presidente.

Hay quienes reclaman que el Pacto Federal ha sido violentado por el Presidente de la República, y lo que no han entendido los gobernadores es que en la práctica el régimen cambio a un centralismo a ultranza que permite al titular del ejecutivo federal entrometerse en los actos propios de las atribuciones estatales. Insisto, de no haber una decisión de proteger a la Federación por parte de los gobernadores de oposición, que hasta ahora han dejado solos a los panistas, las consecuencias serán desastrosas y el paso siguiente será legislar para autorizar la reelección Presidencial y el establecimiento de la dictadura. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com

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