Carlos Ramos Padilla

Algo recurrente entre los políticos es decir mentiras. Hace unos días se llevó a cabo una celebración dedicada al máximo representante de esa comunidad conocida como Iglesia Luz del Mundo que en varias ocasiones ha sido cuestionada. El caso es que se lució el escenario más representativo de la cultura nacional, el Palacio de las Bellas Artes, para recibir a Naasón Joaquín García, hoy detenido en los Estados Unidos acusado ni más ni menos que de abuso sexual a menores y pornografía infantil.

Señalan que la fianza podría ser de 50 millones de dólares y se habla de cómplices plenamente identificados. Aquí el ridículo es para personajes como Sergio Mayer y Martí Batres. Uno diputado federal responsable de la comisión de cultura y el otro Senador de la República, presidente de la “Cámara Alta”.

Mayer intentó deslindarse y después de ser apologista del hoy detenido dijo “es que no me pasaron la información completa” algo así, como cuando declaró defendería a la “vaquita amarilla”.

Pero el punto central es el de Martí Batres Guadarrama, quien se le viera llegar puntual al festejo incluso con traje de etiqueta. Hoy hay una enorme controversia porque de acuerdo a la Iglesia Luz del Mundo, Batres es miembro activo de la congregación desde hace siete años y suma como diácono principal cinco años. Aseguran además que por su decidido apoyo se logró la construcción del Exosantuario, donde cree usted, pues en Puebla.

En este país de libertades cada quien es responsable de sus actuaciones y preferencias en tanto no violenten las leyes. Pero es de personas íntegras hablar de frente y con la verdad o caer en conflicto de intereses cuando estallan los escándalos.

Si a Mayer se le puede acusar de ignorante, inculto y desinformado, a Batres de promover desde su tribuna privilegiada a agrupaciones que como ya vimos, a la larga y después de tantas investigaciones, está vinculada a actos deleznables, crimínales y faltos de honorabilidad.

Todo individuo tiene el derecho y privilegio, por lo menos en este país, de hincarse ante quien le dé la gana y orar a aquel en que su creencia y fe le dicte. Pero eso es muy distinto, uno a ocultar, y dos, a esconderse en las filas del cinismo cuando se descubren ilícitos que desde el discurso ellos mismos atacan y condenan.

Mucho hablar de la corrupción para ahora no saber si defienden o no al líder de su Congregación y estamos, repito, refiriéndonos al mismísimo presidente del Senado de la República, hoy sabemos Diácono principal de la Iglesia Luz del Mundo.

Sería bueno que el senador Batres aclarar esta situación y no de la sarcástica forma en que se expresó en Twitter: “yo no sé nada de la Luz del Mundo, pero sí sé de la luz de México. Y estoy al corriente en el pago de mis recibos”… ¡Zas!

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