Carlos Ramos Padilla

Desde el momento en que el Rector Enrique Graue hizo pública su convicción de defender a la autonomía universitaria, rechazar la eliminación del examen de admisión, garantizar la libre cátedra y fomentar la excelencia académica se han venido registrando una serie de eventos vandálicos en diferentes instancias universitarias.

Quisieron por todos los medios dinamitar su reelección en el cargo. Por lo menos en dos ocasiones han intentado incendiar el edificio de rectoría, han dañado los históricos murales, han secuestrado preparatorias, han lastimado propiedad privada, han quebrado mobiliario urbano, tienen emisiones radiofónicas fuera de la ley dentro del campus, sigue (en más de 14 años) bajo una célula de delincuentes la posesión del auditorio Justo Sierra, hay salones tomados en Filosofía por las FARC, en Ciencias Políticas han robado de la dirección equipamiento que cínicamente usan en los pasillos como fotocopiadoras para “apoyar a la causa”.

Son actos, junto con el narcomenudeo y la operación de taxis piratas, fuera de la ley, son constitutivos de delitos flagrantes que no son sancionados. La UNAM es un área federal, como así lo es, por ejemplo, el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, pero por aquel mal entendido asunto de la “autonomía” quieren convertir a la Máxima Casa de Estudios en guarida de delincuentes.

El Rector Graue es un académico íntegro, un universitario serio con ideas claras, un mexicano de excepción, un hombre que a diario se compromete a alimentar de conocimientos a nuevas generaciones de ambicioso jóvenes que ellos sí desean un país mejor. Sin embargo, delincuentes encapuchados, se dicen anarcos (hombres y mujeres) portan mochilas cargadas de palos, piedras, bombas molotov y cualquier otro instrumento que les sirve para dañar.

Son golpeadores profesionales que lo mismo atentan contra bienes universitarios que atracan camiones de pasajeros, asaltan comercios o se filtran a manifestaciones públicas para provocar. De alguna manera son financiados estos grupos y el gobierno lo sabe. Parafraseando al presidente, no se trata de conservadores, sino de gente que pretende vivir del comunismo, aliados a guerrilleros urbanos, de izquierda radical, con vasos comunicantes con grupos dedicados al tráfico de drogas, armas y contrabando.

Y pregunto, dentro de la honestidad valiente, de la lucha contra la corrupción y del combate a la delincuencia, ¿cuándo el Ejecutivo Federal se dignará a apoyar al Rector Graue y a la comunidad universitaria?, porque la UNAM para el presidente no debe ser un sitio, como, lo hace, para ir a jugar al béisbol.

La UNAM es la más sólida institución de educación de América Latina y una de las mejores del mundo y no se vale que esté secuestrada por una gavilla de criminales que debería de tener muy bien identificados los sistemas de seguridad e inteligencia del gobierno. Si no, que débil está el Estado de Derecho.

Por lo pronto miles de universitarios, activos y egresados, estamos a la espera de que se ejerza la responsabilidad constitucional del Ejecutivo para ya finalmente poner en orden algo que nos pertenece a todos los mexicanos, nuestra Universidad. Queremos saber de qué tamaño es AMLO para no sólo corresponder a la estatura del Rector Graue, sino girar las órdenes respectivas para terminar de una vez por todas con los agravios a la UNAM.

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