Carlos Ramos Padilla

No presidente México no tenía universidades hace 10 mil años como usted afirmó, ni cuando los bisontes, más no búfalos, pastaban en Nueva York. Sacudir discursos hoy contra la UNAM es reprobable, anacrónico y muy temerario más cuando está rodeado de activistas reventadores que impulsaban daños irreversibles a la casa de estudios.

Platiqué con su incondicional Sheinbaum o con Batres o con Encinas o con Martinez de la Roca o con quien su gana le dé, la lista es amplia. Académicos extranjeros le han retado a un debate público con sus 5 mejores analistas en la universidad que usted elija para debatir sobre la conquista y ni siquiera responde al desafío como cuando candidato en televisión pretendieron que contestara preguntas elementales de historia y se negó argumentando que cada quien en dueño de su “silencio” (otros le decimos cobardía).

La Institución Académica más importante en nuestro país y en Iberoamérica es la UNAM desde su fundación. “La UNAM se volvió individualista. Y defensora de proyectos neoliberales”.

Miente usted con mala fe o con una abierta Ignorancia o quizá usted ahora tenga como objetivo modificar los planes de estudio cuando, a decir verdad, su secretaria de educación no ha podido ni siquiera a promover una estrategia de avanzada después de que destruyó la anterior Reforma Educativa. Su trabajo y por el que protesto es gobernar no dividir a la nación.

El país, presidente, está considerado entre los más corruptos del mundo en su administración y la población se encuentra reprobada en materias fundamentales en el desarrollo humano.

Vamos hasta en el combate a la erosión del medio ambiente usted propone líneas adversas a los protocolos mundiales. Usted presidente tardó casi dos décadas en recibir un título académico robando espacio a otros jóvenes de mayor talento que merecían el privilegio de estudiar en la UNAM.

En sus aulas presidente ofrecen cátedra los hombres y mujeres más preparados sin cortapisas, sin censura y con una autonomía excepcional. México se ha construido con los sabios e investigadores de la UNAM que hoy usted intenta meter a la cárcel antes que a los sicarios.

En la UNAM se genera, no en otro espacio, la convivencia, el diálogo, el crecimiento al paralelo de todos los jóvenes sin importar sus condición social, económica, generó o preferencias sexuales o religiosas. La UNAM está presidida por un ilustre mexicano, recto, honorable y honrado, disciplinado y de excelencia como es el Dr. Enrique Graue. Antes de expresarse así de la UNAM, presidente, sería bueno que siquiera platicara con Juan Ramón de la Fuente ya que lo tiene bajo su nómina.

Usted, presidente, ha menospreciado incluso a exsecretarios de salud y ex rectores de la estatura de Jesús Kumate o Jose Narró. En la UNAM, presidente, nos formamos bajo la obligación de servir a la patria y engrandecer a la UNAM regresándole en experiencia y compromiso lo que nos ofreció en nuestra instrucción.

Pero no debo añadir más que lo que me regalo en una oración un extraordinario universitario como Sergio Aretia, me escribió: “Un alumno de la UNAM, atacando a su propia escuela. Lo mismo hace con su país”.

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