Carlos Ramos Padilla

Por diversas razones y circunstancias miles de personas, de manera voluntaria, han decidido no vacunarse. ¡Es su elección! Sin embargo, ante la ola de rebrotes de COVID y sus variantes y mutaciones más dañinas, hay gobiernos que emprenden acciones de control más severas, drásticas e inteligentes.

Las personas que se niegan a someterse a la vacunación argumentan mayoritariamente que no es temor, pero si la seguridad de que los químicos están en fase experimental y que aún no se saben las consecuencias a futuro medio de su aplicación.

Argumentan que, entre más vacunados, no ellos, más protegidos se encuentran de contraer la enfermedad. Sus métodos de automedicación pasan por dióxido de cloro y hasta por vinagre de manzana que lo aplican cono sanitizante permanente. Pero la situación mundial es más grave y se complica.

Naciones como España y diría toda la comunidad europea aplicaron medidas de aislamiento en todos sentidos. Las sanciones para quien violara las disoluciones eran en verdad severas.

Se implementaron programas educativos para incentivar una nueva cultura de auto protección y llegaron al extremo, algunos del toque de queda. Poco a poco fueron superando la crisis, pero no fue suficiente. Advertí que durante los partidos de la final de fútbol de la Copa América y de la Eurocopa los estadios de Maracaná y Wembley estaban hasta la saturación de aficionados ya sin ningún respeto al uso del cubrebocas o la saña distancia.

Ahora vemos que la OMS vuelve a llamar a la alerta preventiva ante la multiplicación de casos, de hospitalizaciones y de fallecimientos. Las imágenes en la India fueron impactantes y la nueva cepa “Delta” en Gran Bretaña ha permitido nuevamente cerrar fronteras.

Así el presidente (vigésimo quinto en Francia) Emmanuel Macron decidido emitió el siguiente posicionamiento y medidas: “no tengo ninguna intención de sacrificar mi vida, mi tiempo, mi libertad y la adolescencia de mis hijas, así como su derecho a estudiar adecuadamente, por quienes se niegan a vacunarse.

Esta vez ustedes en casa, no nosotros. No podemos hacer que quienes tienen sentido cívico de vacunarse tengan la carga de los inconvenientes. Las restricciones pesaron sobre otros aquellos que, por razones incomprensibles en el país de Louis Pasteur, la ciencia y la ilustración, todavía dudan en utilizar la última arma disponible contra la pandemia: la vacuna.

Con ello dispuso: en Francia quienes no se vacunen ya no podrán ir a restaurantes, cafés o si eres a aviones o trenes a partir de agosto, cines y museos a partir del 21 de julio. Alternativamente tendrán que presentar una prueba negativa que dejará de ser gratuita (49 euros por la PCR y 29 euros por la prueba antígeno). La vacunación será obligatoria al interior del servicio médico y para aquellos que trabajan en contacto con personas frágiles. Desde el 15 de septiembre una enfermera que se resista a la vacunación ya no podrá ir a trabajar y recibir un salario. Así Macron ve la gravedad del asunto y su alta responsabilidad por salvar vidas.

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