Carlos Ramos Padilla

Los modos, las modas y las formas, vamos hasta el fondo todo ha cambiado y parece que no por buen camino. El 7 de junio significaba para el calendario el día de la libre expresión. Había rituales, ceremonias oficiales, premiaciones, reconocimientos e incluso reacomodos de figuras y concesiones.

Era obligado asistir a la residencia oficial de Los Pinos para que el presidente de la República atendiera el tema de los comunicadores y periodistas. Ahí en uno de los salones el mandatario entregaba preseas a lo más destacado del gremio. Vino entonces un ajuste, quienes estaban insatisfechos con la participación del gobierno en actos propios de la Iniciativa Privada y del ejercicio de informar, decidieron intentar otro derrotero, autopremiarse, reconocerse entre pares en un ceremonial “independiente” y más transparente.

Ese mismo día, se llevaba a cabo la enorme comida, con fuerte convocatoria, en la casa de Don Mario Vazquez Raña, en la calle de Risco, en el Pedregal. Motivos, dos, su cumpleaños y la celebración periodística. La reunión se prolongaba por horas y ahí acudía lo más selecto de los medios de comunicación y el gobierno.

En fin, día importante que incluso, si mal no recuerdo, en esa fecha asesinaron a Paco Stanley en 1999 muy cerca de TV Azteca en el restaurante El Charco de las Ranas, por periférico sur, desatando la ira de varios colegas como Jorge Garralda acusando a Cuauhtémoc Cárdenas, pero al mismo tiempo se ingresaba al mundo de la violencia entre grupos de narcotraficantes. De entonces para acá, en menos de cinco años las cosas han variado.

El poder presidencial que se dice de izquierda ha provocado la peor confrontación entre el gobierno federal, los medios de comunicación y los periodistas. Vamos hasta Notimex, la agencia informativa del Estado Mexicano se encuentra en huelga y en su peor crisis. El presidente llamó a los medios sus adversarios, a los periodistas “sabelotodos”, descalifica a quien lo cuestiona, sus cercanos en el gabinete se resisten a las entrevistas, manejan “sus” datos a como les viene en gana.

Muchos compañeros han sido marginados, separados de sus espacios noticiosos, la propaganda oficial y sus presupuestos sólo salpican a sus incondicionales, protegen y financian a sus “influencers” o “Youtubers” predilectos y en las áreas de comunicación social quedan al cargo gente inexperta pero soberbia.

Hoy que el presidente dice hay libertad más que cuando el neoliberalismo operaba, acusa de “provocadores” a todos aquellos que le cuestionan y en “sus” mañaneras ahí, sólo acuden ridículos personajes disfrazados de periodistas que a modo le “regalan” temas al Ejecutivo para lucirse o para abrir frentes de ataque.

Los profesionales, los que sí saben entenderse con el poder son vetados, censurados o limitados para acercarse al presidente. Hoy el mandatario acude a eventos sin avisar a la prensa, como la comida con la madre de El Chapo, o se va de escondiditas a giras como recientemente a Quinta Roo, evitando se conozca su itinerario.

Así al paso de los años y de las ideologías, de las ocurrencias y de las mentiras, muchas mentiras. Por cierto, estamos justo a un año de acudir a las urnas, ¡recontrazas!

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