Carlos Ramos Padilla

De meses atrás la luna de miel con AMLO se había acabado. Iniciaban las dudas, las confusiones y más tarde los reclamos. Ayer le conté cómo han abucheado al presidente en el estadio de béisbol y en su natal Tabasco. Se puso iracundo. También en el graderío del Gran Premio de Fórmula Uno, los espectadores lanzaban consignas contra el tabasqueño. Pero ahora la caída es más pronunciada por su terquedad de mantener su posición, sus ideas y ocurrencias cueste lo que le cueste al país.

Las mañaneras han sido un constante reiterar de acusaciones contra todos. Y las disposiciones equivocadas de una austeridad que ha secado a la economía, de un combate a la corrupción que ha sido una enorme mentira (véase las asignaciones directas o las extorsiones a todos los establecimientos y comercios en la CDMX), de políticas públicas fallidas como la compra de pipas para abastecer combustibles luego de cerrar las válvulas argumentando la guerra contra el huachicoleo cuando en realidad se estaba negociando contratos con Venezuela, el desabasto de medicamentos, el cierre del aeropuerto de Texcoco, Dos Bocas, el Tren Maya, la rifa del avión presidencial, cargar la culpa al neoliberalismo por los feminicidios y el crimen contra la niña Fátima, decirles mentirosos a sus paisanos tabasqueños, pedir disculpas a España por la conquista, asegurar que Juárez se casó con Carmelita, defender a Bartlett y a Gómez Urrutia, oponerse al movimiento feminista, negarse a apoyar a la UNAM para concluir con la violencia, en fin, un rosario de equivocaciones que han puesto en aprietos a sus “guerrilleros” en redes que ya no encuentran más que ofensas para enfrentar a sus adversarios.

Hoy la tendencia es a la baja y las expectativas desaparecieron. El asunto de las guarderías y el Seguro Popular fueron fuertes hoyancos. Seis de cada diez mexicanos piensas que los problemas lo han rebasado. Observan eventos como el culiacanazo y la fallida estrategia contra el crimen organizado dejando que Durazo siga hundiendo a la Guardia Nacional y a la seguridad del país. El presidente maneja su agenda, la nación otra.

El presidente siempre tiene otros datos, la realidad es diferente. En varias mediciones ya está por abajo de Enrique Peña Nieto. Los negativos para el presidente más que evidentes van en aumento. Nadie le cree que es Juárez personificado, o que “ya no me pertenezco”, esa frase fue plagiada del venezolano Chávez. El respeto que pide para los crimínales es una verdadera majadería para las miles y miles de familias que entierran a sus hermanos, hijos, parientes, torturados, mutilados, humillados, baleados. Hoy el presidente está cosechando lo que sembró. “Cállate chachalaca” desafió a Fox, ahora ante el griterío pide “respeto a la autoridad”.

El presidente está enfrentado con todos y ha manifestado temerariamente que si por el fuera “desaparecería al Ejército”. Es muy difícil que enmiende errores, que ofrezca disculpas, que haga nuevo equipo con todos, partidos políticos, opositores, sociedad, soldados, mujeres… parece que la soberbia no se lo permite. Ya ve usted hasta cuando pierde se autonombra legítimo y cuando gana hace de su gabinete un enjambre de sujetos que en años anteriores descalificó y los llamó “mafia en el poder”.

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