Carlos Ramos Padilla 

Citaré a dos funcionarios que dejan sus cargos para ocupar otros. Por cierto, los dos con insuficiencias y tareas inconclusas. Los dos con responsabilidades de primer orden para el país y que a dos años quedan truncas, pero con evidentes y demostrables fracasos, me refiero a Seguridad Pública y a Educación.  

Alfonso Durazo busca una gubernatura dejando el registro histórico y creciente de asesinatos y feminicidios. La violencia fuera de control y el crimen organizado con mayor fuerza y salvajismo que antes.  

En este sector quedan también las detenciones de Lozoya, Cienfuegos, García Luna y Joaquín Guzmán respondiendo hasta el momento únicamente a impactos mediáticos. Del otro lado el encarcelamiento de Rosario Robles y la liberación de Ovidio Guzmán con las gravísimas secuelas del Culiacanazo y el que los sicarios hayan humillado a las Fuerzas Armadas y al gobierno federal.  

El huachicoleo y el crimen de la familia Le Baron que están lejos de corresponder al juego político en que han convertido a Ayotzinapa que tampoco presentó avances. En la otra cartera el secretario que siguió el maltrato que infringió Mario Delgado a la otrora Reforma Educativa a la cual le borraron hasta las comas.  

No hubo propuestas sensatas, ni capacitación al magisterio y se reaccionó de manera improvisada y mal ante el aislamiento por la pandemia mientras junto con Claudia Sheinbaum se analizaba si los niños varones podían ir a la escuela con falda.  

Se intentó abrir, sin examen de admisión, el ingreso a universidades públicas mientras se esforzaron inútilmente por atentar contra su autonomía. Eso sí, antes de dejar la silla, Esteban Moctezuma observó la cancelación de presupuestos y fideicomisos en atención a la ciencia y tecnología.  

Ambos sectores desde el ánimo internacional estamos reprobados. Uno ahora tratará de gobernar mal usando el nombre de Colosio y el otro quedará muy corto ante los resultados y estatura de una auténtica embajadora como Martha Bárcena. Tiempo al tiempo dirían los clásicos.