Carlos Ramos Padilla / @cramospadilla

A diario nos preguntamos en qué piensa el presidente de México. De tiempo atrás ha iniciado una serie de ataques contra naciones que bien podrían aportar y mucho para nuestra evolución. Sin embargo, se congratula de sus relaciones con países que comparten con nosotros el rezago, la pobreza y la violencia.

En qué piensa AMLO cuando pisa el terreno de pueblos que han perdido la libre expresión, sufren de represión y persecución, viven sin ejercer su manifestación pública y más aún, sus gobernantes se perpetúan en el poder auto considerándose promotores de revoluciones.

En qué piensa el presidente cuando anula el diálogo con aquellos que compiten por superar niveles del Producto Interno Bruto, que están desarrollando todo tipo de investigaciones para vencer a la pandemia, los que exploran el universo y crecen a partir de una competencia en tecnología.

Por qué cerrar las puertas a los que reaccionan frente a la degradación ambiental con energías limpias, con autos eléctricos, con el uso de la fuerza de los vientos o el océano para generar electricidad. En qué piensa nuestro mandatario cuando “doblado” ante el gobierno de USA utiliza su presencia en Cuba para enfrentarlos y hablar por un régimen de tiranía buscando espacios para ser considerados.

En qué piensa el tabasqueño cuando el mundo reprueba la fuerza bélica de Vladimir Putin contra una nación soberana y el de Macuspana se codea con Rusia. En qué piensa el presidente cuando se alinea con gobiernos que cambian a la educación por el adoctrinamiento y suman día a día más y más pobres para someterlos con dádivas y limosnas.

En qué piensa el Ejecutivo Federal que a la recesión le llama austeridad y a la corrupción la confunde con la moral constitucional. En qué piensa el presidente que dejando una estela de muertos por la violencia o la pandemia se presenta en foros internacionales para orientar a los ricos en qué y cómo manejar sus capitales.

En qué piensa AMLO se vincula con dictadores que permiten el adiestramiento paramilitar de sus jóvenes. En qué piensa el tabasqueño que dialoga con gobiernos que financian a sublevados y alimentan a grupos de narcotraficantes para sostener su economía.

México se está acostumbrando a tutearse con medianías dejando pasar la oportunidad de escuchar y aprender de los triunfadores y lidera mundiales, de aquellos que respetan a sus maestros y protegen a su sociedad no la dividen y confrontan. En qué piensa el presidente cuando emplea el tiempo de la nación para estar acusando a todos por todo.

En qué piensa el presidente cuando cambia jugadas de béisbol por vacunas para los niños. En qué piensa AMLO cuando todos los índices le indican que el camino no es el correcto y burlonamente señala que vamos requetebién y que darán “paliza” en las próximas elecciones cuando uno de sus pendientes es informar las irregularidades de sus hijos. Son preguntas elementales ante el comportamiento cotidiano del presidente mexicano.