Carlos Ramos Padilla

Es evidente que el presidente está molesto, inquieto y desesperado. Sus mañaneras ya son, en los últimos días, un monólogo sin sentido en donde no hay respuestas y muchos silencios.

Sabe que le está costando mucho en su capital político defender lo indefendible: a Félix Salgado y la probable salida de Irma Eréndira Sandoval del gabinete como consecuencia de la grilla en ese Estado, el hecho de que la cónsul de México en Estambul viene en primera clase porque “fue una buena periodista y sufrió persecución”, el retraso en la vacunación y las vacilaciones y vacaciones de López Gatell, sus ataques convenientes al INE y entre otras cosas, el reconocimiento de que Morena puede sufrir un enorme descalabro en las próximas elecciones por los casos de abusos sexuales y corrupción de algunos de sus miembros.

La alerta ya la hizo sonar también Muñoz Ledo que incluso anticipa que Morena se convertirá en el partido más corrupto de América Latina. Por si fuera poco, la determinación de ya no aplicar la prueba Pisa para evaluar a los jóvenes mexicanos en la instrucción pública. Las estadísticas de confianza en Morena han disminuido seriamente.

Esto ha impactado por los crecientes índices de violencia, feminicidios y desempleo. Por otra parte, se desmoronó la imagen de dicho aeropuerto con el lastimoso logotipo que se presentó por tres mil pesos mientras que el cancelado aeropuerto de Texcoco recibió un reconocimiento internacional por su arquitectura.

El rediseño del espacio aéreo en al CDMX ha irritado, por su imposición, a importantes sectores de la sociedad sin que siquiera se reconsidere su revisión. Mientras AMLO asegura que el pueblo decido, por ejemplo, en Guerrero, aquí en la CDMX esa consideración no es viable.

Además, en asuntos de carácter legal el pueblo en Guerrero o en cualquier otra entidad no puede decidir, para eso hay instancias y dependencias, vamos instituciones estructuradas para cumplir con los requisitos constitucionales.

AMLO insiste en la convocatoria masiva a plazas públicas para tomar determinaciones que alteran los postulados legales que nos dan forma como Estado. AMLO se ve desesperado y molesto, no encuentra respuestas sensatas a los ya puntuales cuestionamientos que le formulan los medios de comunicación.

Aún no hay respuesta a varios casos de primer orden como la liberación de Ovidio Guzmán, el delicado asunto del General Cienfuegos, Emilio Lozoya, Romero Deschamps, los lujos con que viven y se transportan sus hijos, migración, el incremento de la gasolina, el conflicto en la Suprema Corte.

La montaña se acumula con archivos que poco a poco esperan queden en la reserva del olvido pero que no es así. La lupa no sólo es nacional, el mundo entero está pendiente de lo que ocurra en MÉXICO principalmente por la baja presencia de nuestro mandatario.

El G20, en la Cumbre del Medio Ambiente y en su visita a Washington. He dicho y repito, hoy el principal opositor político de México es el gobierno de Joe Biden por las pifias cometidas por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Faltan pocos días para acudir a las urnas y la radicalización que fomenta Palacio Nacional es más cruda. El enfrentamiento social será evidente y vemos que antes de gritar fraude, los morenistas encabezados por Mario Delgado avalan presencialmente las amenazas directas a funcionarios de primer orden.

Los gestos y comportamiento corporal del presidente manifiestan su incomodidad y eso no pronostica nada bueno.

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